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Las temibles jaquecas de Friedrich Nietzsche El dia que Nietzsche lloró, de lrving G. Yalom, Emecé Editores, Barcelona, 1995.
- En una reciente novela, El día que Níetzsche lloró, de lrving G. Yalom, se narra una entrevista entre Josep Breuer, célebre médico vienés, protector del joven Sigmund Freud, y el filósofo alemán portador de una persistente migraña y de una compleja personalidad con fuertes tendencias suicidas. Este encuentro nunca ocurrió -es parte de la ficción imaginada por el autor, un profesor de psiquiatría de la Universidad de Stanford- pero como toda la novela, es perfectamente creíble y fundada en hechos reales. «Sin embargo, a Breuer sí le sorprendieron la complejidad de los males de Nietzsche y la minuciosidad de sus observaciones. Las notas de Breuer llenaban páginas enteras. La mano empezó a cansársele conforme Nietzsche le describía el horrible conjunto de síntomas: monstruosas jaquecas que le paralizaban, mareos, vértigo, pérdida del equiibrio, náuseas, vómitos, anorexia, asco por la comida, fiebre, abundante sudor nocturno que le obligaba a cambiarse de camisa de dormir dos o tres veces por noche, accesos de fátiga que a veces rayaban en parálisis muscular generalizada, dolor gástrico, hematemésis, calambres intestinales, estreñimiento continuo, hemorrides y, por último, problemas de vista (fatiga ocular, inexorable deterioro de la visión, ojos lagrimiantes y doloridos, vista nublada e hipersensibilidad a la luz, sobre todo por la mañana.) Las preguntas de Breuer añadieron unos cuantos síntomas que Nietzsche había omitido o que no había querido mencionar: destellos visuales y escatoma, que por regla general precedían a las jaquecas; un insomnio que no respondía a ninguna medicación; fuertes calambres musculares por la noche; tensión gneralizada; y rápidos e inexplicables cambios de humor. ¡Cambios de humor! ¡Lo que Breuer había estado esperando! Como había dicho a Freud, siempre aguardaba un momento propicio para adentrarse en el estado psicológico del paciente. Aquellos «cambios de humor» podían ser la clave que lo conduciría a la desesperación y a las intenciones suicidas de Nietzsche. Breuer procedió con cautela, pidiéndole que se explayara sobre el particular. - ¿Ha notado en sus sentimientos alteraciones que parezcan relacionadas con su enfermedad? El semblante de Nietzsche no se alteró. Parecía no importarle que la pregunta pudiera conducir a una región más íntima. - Ha habido momentos en que, el día antes del ataque, me he sentido particularmente bien y he llegado a pensar que se trataba de un sentimiento peligrosamente positivo. ¿Y después del ataque? El ataque típico dura entre doce horas y dos días. Después de un ataque, por lo general me siento fatigado y pesado. Incluso mis pensamientos son lentos durante un par de días. Pero a veces, sobre todo después de un ataque de varios días, es diferente. Me siento fresco, limpio. Exploto de energía. Adoro tales momentos: mi mente desborda de ideas extrañísimas.»
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