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¿Cree
usted que a medida que pasan los años los médicos nos acercamos un poco más
a la filosofía?
Los médicos que han formado las escuelas de medicina en las últimas décadas
han estado capacitados en lo técnico para dar respuesta a los padecimientos
orgánicos de sus pacientes pero han tenido una pobre formación humanística.
Como autodidacta, luego de unos años de profesión, el médico se acerca a la
filosofía, la ética (una de sus ramas), la epistemología, la literatura,
porque advierte que con lo que conoce no le alcanza para abarcar al ser humano
enfermo de manera integral.
¿Por qué existe la tendencia dentro del ámbito médico de tildar de
“científica” toda actividad que desarrollamos?
Pienso que la ciencia tiene mejor imagen entre los médicos que otras ramas
del conocimiento y que aquello que se relaciona con aspectos emocionales o
psicológicos suele ser velada o explícitamente desacreditado. El prefijo psi
tiene para los médicos un carácter evocador de charlatanería o de
pensamiento mágico. Es por ello, en mi concepto, que los médicos sentimos
que nos prestigiamos hablando permanentemente de la ciencia y así se lo
hacemos notar a nuestros pacientes.
¿Opina
usted
que el método que se utiliza para diagnosticar y tratar un paciente es
rigurosamente “científico”?
En general
utilizamos para el diagnóstico y para el tratamiento conocimientos surgidos
de la ciencia pero no validamos nuestros procedimientos a la manera de la
ciencia cuando entramos en contacto con los enfermos. Además nos valemos en
todos los casos de elementos que surgen de otros campos del saber.
Existe
un dicho que afirma que la “medicina es ciencia y arte”. ¿Cree usted que
habitualmente se prefiere la palabra “ciencia” porque aparenta ser más
“importante” que arte?
El arte (del latín ars) es equivalente al tekné de los griegos e implica una
habilidad, una capacidad del hombre de imitar a la naturaleza. El pensamiento
grecolatino ha concebido tal vez como única labor verdaderamente creativa la
poiesis (génesis) de donde deriva la palabra poesía. Es probable que los médicos
demos más importancia a la ciencia simplemente porque con ella estamos más
familiarizados y en todas las culturas existe la tendencia de menospreciar lo
que no se conoce o lo que proviene de la cultura de otro.
El
famoso “ojo clínico” ¿Tiene que ver con “lo científico”?
El
“ojo clínico” es un complejo compendio de elementos que tenemos
incorporados en nuestro cerebro como información (lo que Umberto Eco llama la
enciclopedia cerebral) con vivencias y experiencias emocionales. Podría
compararse al proceso que realiza un catador de vino al reconocer una variedad
con sólo degustar unas pocas gotas de la bebida o cuando identificamos a
alguien instantáneamente con sólo un golpe de vista.
¿El
médico es realmente un científico?
Creo que definidamente no lo es. Se podría ejemplificar con la respuesta que
dio el premio Nobel César Milstein a un periodista que le preguntó si él
hubiera llegado al premio Nobel de haberse quedado en la Argentina. Milstein
le dijo: “Ese es un experimento que no se ha hecho y nadie puede saber el
resultado de un experimento que no se ha hecho”. Así piensa un científico
y no lo hace así el médico.
¿Cree
usted que algunos colegas temen perder prestigio al admitir que muchas de las
actividades médicas no son “científicas”?
Por lo que antes mencionamos pienso que es así. Sin embargo, a medida que el
médico expande su visión epistemológica, se da cuenta de que otros libros
son necesarios y de que los conocimientos adquiridos desde la ciencia, aunque
imprescindibles, no son suficientes para entender íntegramente al ser humano.
¿Podría
explicar la distinción que hace en su artículo, entre conocer y comprender?
El conocimiento implica un proceso intelectual de evocación de datos
almacenados en nuestra “enciclopedia” para explicarnos los fenómenos que
observamos en el ambiente que nos rodea. La comprensión abarca elementos
emocionales. El dolor y el sufrimiento son buenos ejemplos: podemos conocer
los mecanismos de la sensibilidad dolorosa pero la comprensión del ser que
sufre requiere ineludiblemente considerar otros aspectos.
¿Cuál
sería la principal ventaja de reconocer que los médicos no somos científicos?
Creo que la principal ventaja de tal reconocimiento es resignar en cierta
medida nuestro narcisismo y nuestra omnipotencia y aceptar que nos faltan
elementos para integrar al paciente y a nosotros mismos como personas, condición
imprescindible para poder desarrollar una praxis médica verdaderamente terapéutica.
¿Cómo
espera usted que evolucione la filosofía médica?
En mi concepto el humanismo médico está en permanente expansión y lo estará
más aun en el futuro. Las nuevas currículas de Medicina como la que se puso
en marcha en la Facultad de Ciencias Médicas de nuestra Universidad Nacional
de Rosario consideran seriamente todos estos aspectos y dan cabida a la
filosofía, la ética (de la praxis o iatroética y de la investigación o bioética)
e incluso la literatura para lograr que estos conceptos se incorporen desde la
formación de grado, lo cual seguramente resultará en un médico mejor.
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