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Introducción
Es un honor recibir la invitación de la Sociedad Iberoamericana de Información
Científica (SIIC) a participar en una de sus entrevistas para describir y
profundizar los temas abordados en nuestro artículo “Trastornos de
conducta alimentaria, práctica deportiva y autoconcepto físico en
adolescentes” (Actas Españolas de Psiquiatría, 32[1], 29-36, 2004).
Lo mismo que en la redacción del artículo, en la respuesta a las preguntas
de esta entrevista ha tenido una participación decisiva Arantzazu Rodríguez
Fernández, quien forma parte de nuestro equipo de investigación disfrutando
de una beca predoctoral del Gobierno Vasco. He de reconocer además que en
buena parte se debe a ella la derivación hacia perspectivas clínicas de
nuestra línea de investigación, la cual originariamente atendía casi
exclusivamente el contexto de la educación formal.
La elección
del autoconcepto físico por parte de nuestro equipo como tema de estudio
surge de la necesidad de disponer de un instrumento de medida en castellano
para comprobar la eficacia de un programa de intervención en el contexto
escolar de las clases de educación física. Diversas limitaciones presentadas
por la traducción de cuestionarios originariamente redactados en inglés nos
indujeron a la elaboración y validación de un Cuestionario de Autoconcepto Físico
(CAF) de las que hemos dado cuenta en una reciente publicación (Goñi A, Ruiz
de Azúa S y Liberal I. Propiedades psicométricas de un nuevo cuestionario
para la medida del autoconcepto físico. Revista
de Psicología del Deporte, 13[2], 196-213, 2004) en donde puede
encontrarse la escala; esperamos publicar en breve un manual completo que
facilite aun más su uso con fines educativos, clínicos y de investigación.
¿A
qué se debe el aumento de la incidencia y prevalencia de los trastornos de la
conducta alimentaria?
Muchas personas no están a gusto con su cuerpo. Esto tiene directamente que
ver con el hecho de que en nuestra sociedad impera el ideal corporal de la
delgadez: la delgadez aparece asociada al éxito, a la belleza, al autocontrol
y a otras cualidades positivas. Los medios de comunicación difunden
persistentemente este modelo. Pero el modelo es prácticamente imposible de
alcanzar y, cuando la gente compara la imagen corporal propia con el ideal
interiorizado, surgen fácilmente sentimientos de insatisfacción corporal y
personal, de ansiedad, y una necesidad compulsiva de cambio físico. De ahí a
la aparición de trastornos de conducta alimentaria no hay a veces más que un
corto trecho: el del recurso a métodos (inanición, purgas mediante vómitos,
diuréticos o laxantes, ejercicio físico compulsivo o de desgaste de zonas
corporales concretas…) que, como sucede en el caso de la anorexia y la
bulimia, ponen en grave peligro la salud física y psicológica.
Los medios de comunicación no son, con todo, los únicos factores etiológicos
de las patologías alimentarias, a ellos hay que sumar los comentarios de los
otros significativos (familiares, amigos…), la insatisfacción de la madre
con su propio cuerpo, las costumbres familiares en la alimentación o la práctica
de deportes que requieren un cuerpo extremadamente delgado (gimnasia rítmica,
atletismo, etc.).
La exposición a todos estos factores hace que la patología, una vez
instaurada, tienda a mantenerse. Y la dificultad de librarse de estas
influencias de naturaleza sociocultural es precisamente la que explica el
aumento de la prevalencia de los trastornos de la conducta alimentaria.
¿Cuál
es la población principalmente afectada? ¿Ha variado su composición?
El porcentaje de población general afectado por anorexia oscila, de unos
estudios a otros, entre el 0.2 y el 0.8 pero la cifra se dispara hasta el 1.3
si se toma en cuenta sólo la población femenina adolescente. La bulimia,
sobre la que se dispone de datos menos precisos, se sitúa entre el 1.13% y el
1.20%, predominando entre las jóvenes adolescentes.
Se hace necesario resaltar que, aunque la anorexia y la bulimia son patologías
típicamente femeninas en una proporción de 9 a 1 respecto de los hombres, se
está observando en los últimos años un aumento de la incidencia de estos
trastornos entre la población masculina. De otro lado, este tipo de patologías,
muy propias de las sociedades occidentales industrializadas, se empieza a
dejar notar también en la población inmigrante. Respecto de la clase social,
aun cuando en un principio se mantuvo que afectaba de forma predominante los
estratos sociales medios-altos, actualmente se comprueba una incidencia
similar en todas las clases sociales. Lo cierto, en definitiva, es que la
incidencia de las patologías alimentarias es creciente y que se hace
necesaria su detección precoz.
¿Existe
relación entre los trastornos de la conducta alimentaria y las características
de la personalidad? ¿Podría describir el carácter de esta relación?
El autoconcepto es el rasgo de personalidad que mayor relación mantiene con
estos trastornos. Sin embargo, está también muy documentada la relación que
guardan con otras características como el perfeccionismo, el miedo a madurar,
la ansiedad y la desconfianza interpersonal debido a que tales rasgos están
incluidos en el Eating Disorders Inventory (EDI).
El perfeccionismo se asocia con la insatisfacción corporal, ya que induce a
ser y tener todo perfecto, incluso el cuerpo. La ansiedad siempre está
presente en los adolescentes con alta insatisfacción corporal, derivada del
rechazo a su cuerpo y de la búsqueda del cuerpo ideal. En cuanto a la
relación entre el miedo a madurar y la insatisfacción corporal no es tan
evidente como inicialmente se pensó y se han encontrado resultados
contradictorios al respecto. Ni tampoco se confirma en todos los estudios que
quienes tienen un autoconcepto físico negativo presenten más dificultades en
sus relaciones con los demás.
Como conclusión, podemos decir que la relación entre los factores de
personalidad y la insatisfacción corporal no nos es bien conocida en todos
sus extremos, a pesar de su indudable relevancia.
¿Cuáles
son los indicadores de riesgo de trastorno de la conducta alimentaria?
No siempre resulta fácil distinguir entre los indicadores de riesgo de
patología alimentaría y los indicadores de hábitos normales en el cuidado
del aspecto físico ya que ambos están estrechamente relacionados y la línea
que separa unos de otros es muy sutil. Los factores generales que
habitualmente se citan como posibles indicios de un trastorno de la conducta
alimentaria son los siguientes: sexo femenino, adolescencia y preadolescencia,
antecedentes personales y familiares de obesidad, hábitos alimentarios
personales y familiares, práctica de determinados deportes o actividades
(ballet, gimnasia), acontecimientos vitales estresantes en los dos últimos años,
conflictividad familiar, conflictividad en la integración escolar o en las
relaciones interpersonales, mala información nutricional, bajo autoconcepto y
poca asertividad. Sin embargo, es la insatisfacción corporal la que se ha
revelado como el único predictor fiable, por lo que un índice bajo de
autoconcepto físico pueden utilizarse como síntoma no desdeñable de un
posible trastorno alimentario.
¿Existe
asociación entre la conducta alimentaria, el autoconcepto físico y la práctica
deportiva?
Los datos de nuestra investigación refrendan esta asociación en dos
sentidos: por un lado, entre el autoconcepto físico y la práctica deportiva,
y por otro, entre la práctica deportiva y los trastornos de conducta
alimentaria. Y esta asociación se complementa y se explica al existir una
relación inversa entre autoconcepto físico positivo y el riesgo de padecer
los trastornos de conducta alimentaria. En definitiva, puede concluirse que el
deporte practicado de forma habitual mejora el autoconcepto físico, lo que
redunda en menor insatisfacción corporal y por lo tanto en menor riesgo de
desarrollar anorexia o bulimia. No obstante, está también perfectamente
comprobado que no toda práctica deportiva produce tales efectos positivos;
aun más, determinadas prácticas deportivas pueden interpretarse como un síntoma
de posibles problemas psicosomáticos.
¿Cómo
reconocer si una práctica deportiva intensa se asocia o no a un trastorno de
la conducta alimentaria?
El efecto del ejercicio físico sobre la imagen corporal y el autoconcepto
físico es muy importante, pero necesita ser explicado adecuadamente. Al
parecer, un nivel moderado de actividad deportiva realizada de forma
sistemática ayuda a prevenir los trastornos alimentarios, ya que el ejercicio
físico procura un mejor cuerpo, con lo cual la insatisfacción corporal es
menor, así como la impulsividad por adelgazar. Pero la línea que separa el
ejercicio físico saludable del realizado por obsesión es muy delgada; en
numerosas ocasiones la práctica deportiva está relacionada con la
insatisfacción corporal y se convierte en un intento de controlar el peso y
de reducir dicha insatisfacción corporal. Asimismo, y más específicamente,
en los trastornos de la conducta alimentaria ya diagnosticados también ejerce
un papel impreciso: la práctica clínica afirma que resulta conveniente
realizar deporte habitualmente en los trastornos bulímicos, pero no siempre
es adecuado hacerlo en los trastornos anoréxicos.
¿En
qué consiste el inventario de trastornos de la conducta alimentaria y cuál
es su finalidad?
Cuestionarios anteriores al EDI únicamente se centraban en evaluar la
anorexia, mientras que el EDI examina los aspectos cognitivos y conductuales
de la anorexia y de la bulimia, además de que puede ser aplicado tanto a
población normal como clínica. Está formado por 64 ítem agrupados en ocho
escalas: Impulso para adelgazar, Síntomas bulímicos, Insatisfacción
corporal, Baja autoestima o ineficacia, Perfeccionismo, Desconfianza
interpersonal, Identificación de la interocepción y Miedo a madurar. Existe
una traducción y adaptación española validada y con aceptables propiedades
psicométricas. Se trata de un instrumento de medida ampliamente aceptado, lo
cual no es óbice para que indiquemos alguna de sus limitaciones, como las
siguientes: está dirigido exclusivamente a mujeres; está pensado únicamente
para su aplicación en contextos clínicos y una vez diagnosticada la patología
alimentaria; el esfuerzo que exige cumplimentarlo, dada su excesiva longitud
(64 ítem).
¿En
qué consiste el cuestionario de autoconcepto físico y cuál es su utilidad?
El Cuestionario de Autoconcepto Físico (CAF) es un instrumento que reúne
características psicométricas adecuadas. Consta de 36 ítem, redactados en
formato Likert, con cinco opciones de respuesta. Los ítem corresponden a las
siguientes escalas: Habilidad física (cualidades para aprender y practicar
deportes); Condición física (forma física, resistencia, energía);
Atractivo físico (percepción y satisfacción con la imagen propia; Fuerza
(sentirse fuerte, con capacidad para levantar peso); Autoconcepto físico
general (opinión y sensaciones positivas sobre sí mismo en lo físico);
Autoconcepto general (satisfacción con uno/a mismo/a y con la vida en
general).
Es el primer cuestionario elaborado originalmente en lengua castellana que
evalúa con el suficiente detalle el autoconcepto físico. Respecto de la
evaluación de los TCA, este cuestionario supera las ventajas de otros como el
EDI, pues permitiría detectarlos desde las aulas de forma precoz al evaluar
la insatisfacción corporal (si bien no la presencia o ausencia de anorexia
o bulimia), tanto en población femenina como masculina (pues evita ítem
específicos para mujeres) y con un menor número de ítem. Las respuestas al
CAF correlacionan positivamente con variables sociopersonales tales como los hábitos
saludables de vida, el bienestar psicológico y la práctica deportiva.
¿Qué
conducta debe adoptar el médico general para detectar precozmente estos
trastornos?
Generalmente, antes de desarrollar anorexia o bulimia la persona ha realizado
numerosas dietas, por lo que hay que prestar atención a este aspecto,
especialmente cuando estas dietas son muy restrictivas. Además suelen ser
personas “expertas” en alimentación y contenidos calóricos. También
deberá atenderse a si despliegan una elevada actividad física o si se
ejercitan en el desgaste de zonas corporales (como las caderas, nalgas o
muslos), indagar los hábitos de alimentación propios y de la familia (tiempo
dedicado a cada comida, si come de pie o sentado, cantidad de alimentos
ingeridos…), el tiempo de exposición a mensajes relacionados con el ideal
de delgadez, las cogniciones y conductas familiares respecto del sobrepeso o
la presencia de perfeccionismo en la personalidad del sujeto que se está
evaluando.
Al médico general puede resultarle muy valiosa la información procedente del
contexto social (familia, amistades…) o escolar (en el caso de adolescentes
y jóvenes). Y, teniendo en cuenta lo anteriormente comentado respecto del
valor indicado de una baja puntuación en autoconcepto físico, observada en
las respuestas al CAF, al médico le resultará muy informativo conocer este
dato.
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