Entrevistas a expertos

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pixeles EPIDEMIOLOGIA DE LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR   

 
 

 

Entrevista exclusiva a
294 bytes, 13 x 11 pixeles Daniel Flichtentrei

Médico Cardiólogo
Jefe área de internación cardiovascular.
Institución: Hospital Dr. Luis Guemes. Haedo, Buenos Aires


"
La pobreza es el mayor factor de riesgo cardiovascular. La implementación de políticas públicas que mediante la acción impositiva estimulen ciertos consumos de alimentos y desalienten otros es un recurso necesario"

 

La Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC) tuvo el agrado de entrevistar al 
Dr.
Daniel Flichtentrei, en referencia al artículo Pr
evención cardiovascular en el siglo XXI: construyendo nuevos escenarios para la acción” editado en la Revista de la Federación Argentina de Cardiología, 32[4], 2003


Preguntas formuladas por los médicos que integran la agencia Sistema de Noticias Científicas (aSNC), brazo periodístico de SIIC.


Buenos Aires, Argentina (especial para SIIC):


Introducción
Las enfermedades cardiovasculares constituyen la primera causa de muerte en el mundo contemporáneo. El análisis de la realidad epidemiológica indica que ante el crecimiento de determinadas patologías como la obesidad y la diabetes la epidemia tiende a incrementarse.

Se trata de un grupo de enfermedades relacionadas claramente con los hábitos culturales e históricos (alimentación, sobrepeso, sedentarismo, tabaquismo), con las condiciones sociales (competitividad, condiciones de trabajo, inseguridad, estrés, etc.), con la genética, con la biología molecular y la bioquímica sanguínea (factores hereditarios, dislipidemias, trombogénesis, disfunción endotelial).

Los abordajes de un cuadro con las múltiples determinaciones que éste exhibe no admiten las modelizaciones reduccionistas ni la superficialidad de los esquemas de causalidad lineal y determinista.
El reconocimiento de lo inacabado e incompleto de los saberes, su carácter provisorio y su replanteo crítico permanente están presentes en la descripción actual de los procesos aterogénicos y su continua transformación constituye la manifestación más rotunda de este fenómeno.



¿La denominada “paradoja mediterránea” puede aplicarse a los países de Latinoamérica?
La llamada “paradoja mediterránea” es un fenómeno que se describe a partir de una investigación epidemiológica conocida como Estudio de los siete Países. Allí se registran diferencias muy notables entre las regiones respecto de morbilidad y mortalidad coronarias para idénticos niveles de colesterol o de presión arterial.
Estos resultados permitieron elaborar diversas hipótesis causales de enfermedad cardiovascular independientes de los tradicionales factores de riesgo. De este modo, se plantearon aspectos relacionados con el estilo de vida respecto de modalidades culturales de alimentación (consumo de pescado, aceite de oliva, alimentos frescos, vino tinto, etc.) y de actividad física como posibles orígenes de estas diferencias.
En la región latinoamericana no existen estudios de esa magnitud que permitan afirmar o negar similitudes. Es posible sin embargo que existan, pero la falta de pruebas epidemiológicas no nos autoriza a confirmarlo.



¿Cuál es la principal estrategia a implementar en la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular?
Las estrategias de prevención primaria de enfermedades cardiovasculares sólo pueden resultar efectivas si se aplican a nivel poblacional. Al respecto existen dos grandes modelos teóricos aplicables.
El primero, centrado en el individuo, requiere la identificación de portadores de factores de riesgo a tratar. Mediante una intensa acción educativa sobre estas personas se tiende a la modificación radical de su estilo vida. Los pacientes son, desde esta perspectiva, “responsables” de su propio destino y de ellos depende el control de sus factores de riesgo cardiovasculares. Las campañas de detección y la concientización de profesionales de la salud y de la población contribuyen al logro de los objetivos planteados.

El otro modelo es el centrado en la población, en este caso es el Estado el que adopta medidas de incentivo o de restricción de determinados consumos. Los epidemiólogos y economistas consultados al respecto coinciden en que las medidas de tipo económico que estimulen el uso de alimentos saludables y limiten (en razón de sus costos) el de alimentos peligrosos resultarían las de mayor impacto.

Los sectores m
ás desfavorecidos de la sociedad están atados a las dietas más ricas en calorías, provenientes de azúcares y grasas, ya que son éstos los únicos alimentos a los que tienen alcance. Las dietas con predominio de hidratos de carbono de los sectores más pobres son tan frecuentes por que el costo por caloría ingerida resulta mucho más bajo cuando éstas provienen de los grupos alimentarios más ricos en sustancias con alta densidad calórica y aterogénicas.


¿Cómo puede articularse –desde la atención primaria– un equipo de trabajo multidisciplinario para la prevención cardiovascular?
En prevención cardiovascular no queda más alternativa que la integración multidisciplinaria. No se trata de un lujo ni de una exquisitez académica sino de la única alternativa para actuar sobre las causas más profundas del problema, que no se limitan a los aspectos biológicos o bioquímicos que el médico suele percibir con mayor facilidad.
Las conductas de las personas responden a variados determinantes y las opciones que toman no pueden atribuirse a la mera ignorancia, inconstancia o simplemente a la estupidez.
Profesionales capaces de comprender estos determinantes y de actuar de manera fundamentada sobre ellos resultan así de primera necesidad para implementar una estrategia de prevención primaria sustentada en la complejidad y no una serie de iniciativas espasmódicas y autoritarias basadas en un modelo reduccionista y simplificador de la enfermedad. Médicos, psicólogos, nutricionistas, enfermeros, asistentes sociales y antropólogos son algunos de quienes tienen mucho que decir sobre este tema. La hegemonía excluyente de la figura del médico no sólo es insuficiente para la alcanzar la solución sino que es parte del problema.


Teniendo en cuenta el aumento en la esperanza de vida a nivel mundial, ¿cómo influirá en el futuro la enfermedad cardiovascular en la tasa de mortalidad global?
El incremento de la expectativa de vida y la consiguiente expansión de la población de edad avanzada son una de las causas de la epidemia de enfermedad cardiovascular. La superación de enfermedades infecciosas, entre otras, gracias a los tratamientos médicos disponibles hace que las enfermedades crónicas no transmisibles constituyan la primera causa de mortalidad.
La diferencia entre enfermedades agudas y crónicas es un aspecto imprescindible a tener en cuenta en poblaciones cada vez más longevas. La formación profesional del médico deberá modificarse atendiendo esta transición epidemiológica, a riesgo de generar profesionales inapropiados para el mundo que les tocará enfrentar.
El paradigma de pensamiento propio de las enfermedades agudas aplicado al universo de las enfermedades crónicas constituye un verdadero obstáculo epistemológico que impide la adopción de actitudes que hoy resultan imprescindibles.
Estamos trabajando actualmente en un texto que analiza los rasgos principales de ambos modelos de pensamiento y los modos en que la inadecuación entre uno y otro obstaculiza la implementación de estrategias inteligentes de prevención.


En su opinión, ¿cuál es la mejor y más eficaz manera de transmitir a los pacientes la necesidad de efectuar un cambio en su estilo de vida a fin de disminuir los factores de riesgo cardiovascular?
A mi juicio, la pretensión de transformar hábitos personales resulta a la vez deseable y desproporcionada. Es deseable en tanto no caben dudas acerca del enorme beneficio que la adopción de un estilo de vida saludable tiene sobre la enfermedad cardiovascular. Es desproporcionada mientras se apoye en un modelo asistencial centrado en la figura del médico, de bajo contacto (visita
s esporádicas) y organizado alrededor de una serie de indicaciones imperativas. La transformación de un hábito no es un suceso sino un proceso. Educar no puede limitarse a informar, ordenar o sancionar, ya que estas modalidades no suelen acompañarse de transformaciones duraderas y en estudios prospectivos han resultado similares al placebo.



¿Cuál es el perfil epidemiológico de la enfermedad cardiovascular en Latinoamérica?
En América latina la enfermedad cardiovascular se encuentra en alarmante proceso de expansión. Los modelos de consumo del primer mundo llegan a nuestra región mientras que los recursos que allí tienen para asistir sus consecuencias sobre la salud cada vez se encuentran más lejos.
La pobreza y la marginalidad son también causas de enfermedad cardiovascular. El bajo peso al nacer, la desnutrición materna, la obesidad infantil y adolescente han sido señalados como factores de riesgo graves para estas enfermedades. Los trabajos internacionales sobre diferencias sociales y enfermedad coronaria muestran de manera contundente que ésta es más prevalerte entre los más pobres y sus secuelas son entre ellos aun más graves. Las tasas de control de los factores de riesgo son bajas y en esto confluyen factores sociales pero también ciertos paradigmas establecidos de comportamiento profesional.


Desde la política sanitaria, ¿cuáles son las medidas a implementar para lograr que la población tome conciencia de la prevención cardiovascular?
La prevención cardiovascular no se limita a la política sanitaria sino más bien a la política en general. Se hacen necesarias condiciones básicas de existencia de las personas para que la prevención no sea tan sólo un discurso efectista carente de sustento real. La pobreza es el mayor factor de riesgo cardiovascular. La implementación de políticas públicas que mediante la acción impositiva estimulen ciertos consumos y desalienten otros es un recurso necesario.
El reconocimiento de la prevención y el tratamiento de enfermedades como la obesidad y la diabetes por parte de la seguridad social son también estrategias que deben aplicarse con urgencia. No hay prevención limitada a un solo aspecto. Una enfermedad compleja y multifactorial reclama un enfoque complejo y sistemático.



¿Cuáles son los alcances y los resultados del estudio Consenso sobre Factores de Riesgo en América (CIFRA)?
El estudio CIFRA se encuentra aún en etapa de recolección de datos, aunque sus resultados pre
liminares permiten extraer algunas tendencias: baja tasa de control de factores de riesgo para una población en prevención secundaria; abordaje segmentario de una enfermedad sistémica; la presencia de alteraciones en un territorio vascular raramente motivó la exploración –y menos aún la prevención– de alteraciones en otro territorio vascular alejado; mínima participación de profesionales no médicos en prevención cardiovascular.



¿Cómo se instaura de manera efectiva la prevención secundaria?
Mientras no se creen estructuras asistenciales orientadas al contacto periódico y sistemático y con participación multidisciplinaria y de la familia como unidades de instalación de hábitos dudo que pueda lograrse nada importante en términos epidemiológicos. Nuestra experiencia en centros de prevención y rehabilitación cardiovascular con pacientes que asisten entre 4 y 6 horas semanales y donde las familias se integran a estos programas nos hace creer que éste es el modo más eficaz de encarar el problema. El consultorio médico como espacio de prevención secundaria resulta claramente insuficiente. La creatividad y la voluntad de quienes tienen poder de decisión deberían ponerse al servicio de la creación de estructuras no tradicionales de asistencia que promuevan resultados alejados y definitivos.




¿Cuál es el futuro en materia de avances en el tratamiento de la enfermedad cardiovascular?
La farmacología, la cirugía, la terapéutica por cateterismo, los implantes celulares y la angiogéneses, los transplantes y la terapia génica son sólo algunos de los rumbos que el futuro depara para estas enfermedades. Actualmente disponemos de recursos de gran poder para modificar el riesgo cardiovascular. Las estatinas, por ejemplo, han producido una verdadera revolución copernicana en los modos de tratar y de comprender la enfermedad.
No es éste el espacio para desarrollar el tema pero valga como ejemplo la demostración reciente de verdadera regresión estructural de las placas ateroscleróticas con el uso de estas drogas. Así como la notable disminución en la tasa de episodios clínicos mayores, incluso en pacientes con valores normales de colesterol. Tal vez convenga pensar en llamar a éstas y otras drogas “agentes reductores del riesgo” más que agentes reductores del colesterol.
La verdadera dimensión de este grave problema sólo podrá ser modificada cuando se comprenda que la prevención es la única estrategia posible en términos poblacionales.

 

 
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