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Introducción
Durante los últimos 15 años hemos realizado varios proyectos con el objetivo
general de mejorar el conocimiento sobre las actitudes, creencias y
comportamientos de los padres, latinoamericanos en general y mexicanos en
particular. He confiado en que al estudiar la relación recíproca padres-niños
se puedan identificar factores relevantes para la formación de los niños y
se pueda ofrecer asesoramiento y entrenamiento a los padres de familia como
una alternativa preventiva para evitar la negligencia y el abuso hacia los niños.
Gracias a los apoyos recibidos se han descrito
las actitudes y los comportamientos de padres de varias naciones
latinoamericanas, como Guatemala, Bolivia, Puerto Rico y, por supuesto, México.
Una de mis principales preocupaciones ha sido la generalización que se
realiza para explicar las actitudes, creencias y comportamientos de los padres
latinoamericanos, particularmente mexicanos, a partir de los estudios de
padres de origen latino que viven en los EE.UU. En parte por esta preocupación
se realizaron estudios comparativos y de intervención con padres de EE.UU. y
de México. Gracias también al apoyo nacional y extranjero, se han validado
instrumentos de paternidad con más de 3 000 familias. En cuanto al estudio de
las actitudes, nuestros resultados muestran su utilidad al publicar el primer
índice psicométrico para el diagnóstico de abuso hacia los niños en México;
el instrumento fue desarrollado gracias al esfuerzo de muchos brillantes
colegas y estudiantes universitarios, y se aplica en países como Colombia,
Bolivia y EE.UU., además de México.
Por otra parte, se logró la implementación
de programas para padres, desarrollados y mejorados gracias a la investigación
propia y de otros reconocidos investigadores internacionales. Los productos
que se han desarrollado se aplican en EE.UU. y México y hay interés en su
aplicación en España. Al avanzar en esta dirección, he insistido en la
creación de programas para padres sumamente estructurados y con apego a métodos
estrictos, tratando de evitar la superficialidad con la cual se aborda este área
de estudio, en algunas ocasiones. Pero, al mismo tiempo, se desarrollaron
programas para padres que conservan la sensibilidad de reconocer que cada
familia es única; y que nos queda claro que no podemos indicar con certeza
ciega “lo que todos los padres deben hacer para ser buenos padres”. Lo que
sí podemos hacer por ellos es ayudarles a vivir el proceso de crianza con las
estrategias y habilidades que les ayuden a prevenir relaciones disfuncionales
con sus niños y que les permitan ajustarlas a sus propios valores y metas. El
presente estudio es un resultado de estas ideas y compromiso con las familias.
¿En
qué consistió el estudio llevado a cabo?
Se trata de un estudio de entrenamiento para padres, con diseño experimental
y rigurosos controles. El objetivo principal fue optimizar las relaciones
entre padres y sus niños de hasta 5 años de edad, y así prevenir que los
problemas de comportamiento tempranos se conviertan en mayores problemas. El
estudio tomó en cuenta los señalamientos de diversos estudiosos para
asegurar un impacto positivo en las familias; entre los que sobresale la
importancia de entrenar a un número reducido de díadas padres-hijos por
taller, para facilitar la cuidadosa atención y seguimiento a cada familia, y
la utilización de materiales para padres evaluados con anterioridad.
¿Cuáles
fueron los instrumentos empleados en el estudio?
Hoy en día se reconoce que los fenómenos humanos son multifactoriales, razón
por la cual la instrumentación elegida para este estudio fue
multidimensional; además, los instrumentos fueron elegidos por ser
ampliamente reconocidos en la literatura especializada. Con ellos se evaluó a
los padres en sus expectativas sobre el desarrollo de sus niños, sus prácticas
disciplinarias y de crianza, su irritabilidad-agresión, y su estrés en la
crianza; a los niños, en: adaptación psicosocial, su estrés, sus problemas
de comportamiento y la intensidad de éstos, el comportamiento problema y el
prosocial; también se evaluó el estrés de interacción padres-hijos, se
realizaron observaciones de las interacciones (grabadas en video) y se valoró
el funcionamiento global de la familia.
¿Cuáles
son los principales resultados obtenidos?
La importancia de los resultados se centra en el cambio de los comportamientos
de los padres y de los niños, paralelamente a los cambios positivos en los
autoinformes. Existen algunos estudios que indican cambios en los autoinformes
de los padres, pero es difícil encontrar estudios que al mismo tiempo
demuestren el cambio de comportamientos observables. Además, en este estudio
los cambios positivos en las actitudes, los comportamientos y las
interacciones se conservaron seis meses después de haber terminado los
entrenamientos.
¿De
qué manera los padres modificaron su conducta con respecto a sus hijos y cómo
influyeron esas modificaciones en el comportamiento de los niños a futuro?
Los
padres aprendieron a establecer expectativas justas de acuerdo con el
desarrollo actual de sus niños, con lo cual sus comportamientos (prácticas
de crianza adecuadas) para favorecer el desarrollo psicosocial se
incrementaron, al tiempo que establecieron límites más claros y precisos que
fueron dirigidos a conductas específicas, no a interpretaciones de las
conductas de sus niños. En otras palabras, los padres sustituyeron las críticas,
golpes y gritos por comportamientos físicos y verbales positivos. Según nos
informaron los padres en los talleres, primero sus niños experimentan con
sorpresa esta nueva forma de interacción con sus padres. Y, más adelante,
debido al aprendizaje por observación, los niños también mostraron más
comportamientos físicos y verbales positivos, tales como los halagos y los
abrazos.
¿Cómo
experimentaron los padres del grupo de entrenamiento los cambios positivos
ocurridos en ellos y de qué manera lo expresaron en la relación con sus
hijos?
Antes de los entrenamientos, los padres caracterizaban su relación con sus niños
con comentarios como: el niño es desobediente, nunca me hace caso, le regaño,
le pego con la mano, le grito. Después del entrenamiento, los comentarios
muestran los cambios positivos que ellos experimentaron: pienso antes de
hablarle, no le grito más, tengo paciencia, me acerco a ella, cambié primero
mi conducta con él, aprendí a hacer un alto, aprendí a reconocer lo que era
justo a su edad, me relacioné de mejor manera.
¿En
qué medida es aplicable este estudio y qué familias serían las beneficiadas
con el entrenamiento estandarizado?
Por una parte, los materiales desarrollados en varios estudios y en este último
están siendo aplicados a familias con niños pequeños que provienen de
diferentes estratos socioeconómicos en varias ciudades de México. Por otro
lado, las evidencias señalan que la negligencia y el maltrato hacia los niños
reflejan reacciones emocionales que no están bajo el control de los padres.
El programa les enseña a aceptar esas emociones, no a negarlas por ser
inadecuadas, sino a ponerlas bajo control por medio de las estrategias
cognitivas que se adaptan a las personalidades de cada madre o padre, y de
cada niño o niña. Por lo tanto, adaptar este concepto a otros talleres o
cursos para aplicarlo con familias bajo diversas circunstancias es una
alternativa viable.
¿Cómo
influyó el estrés de los padres en la crianza de los niños?
El estrés que estudiamos lo llamamos focal porque es el estrés específico
de la crianza. En contraste, a la irritabilidad-agresión la llamamos no focal
porque no está dirigido a sujeto o evento específico; ambos fenómenos están
relacionados de tal modo que evaluar sólo uno de ellos no parece tan
productivo. Así, encontramos que entre todos los padres, los que tenían estrés
de crianza e irritablidad-agresión altos, tenían expectativas muy escasas
hacia sus hijos, prácticas disciplinarias severas, la percepción de sus niños
como muy difíciles de manejar (estrés del niño), y las interacciones más
inadecuadas. Los grupos con calificaciones altas en uno solo de estos
factores, mostraron actitudes y comportamientos intermedios. En contraste, los
padres con bajas calificaciones en ambos factores calificaron mejor en los
autoinformes, y en las observaciones en vivo tuvieron menos comportamientos físicos
y verbales negativos, y sus niños tuvieron más comportamientos positivos que
los otros niños.
En
su opinión, ¿cuáles son las ventajas y las desventajas de los programas de
entrenamiento estandarizados?
En primer
lugar, el entrenamiento estandarizado marca una diferencia con otros
entrenamientos que toman en cuenta importantes factores sociales y emocionales
de los padres, pero que no incluyen en cada sesión metas, objetivos,
ejercicios para el control de las emociones con estrategias
cognitivo-conductuales, prácticas frente a otros padres y actividades a
realizar en el hogar con la niña o el niño. En otras palabras,
frecuentemente se olvida de que no sólo se trata de que los padres
“digan” que ahora sus actitudes son más positivas y que se sienten bien
en las sesiones, sino que adquieran estrategias cognitivas y habilidades específicas
para la crianza. El entrenamiento estandarizado toma todos los factores en
cuenta y cuenta también con un protocolo para asegurar que todos los temas y
actividades sean cumplidos por todos los padres. En contraste con estas
ventajas, el entrenamiento estandarizado requiere personal que a su vez haya
sido entrenado en lo que va a enseñar, lo cual puede dificultar su
implementación.
Si
lo desea, puede agregar una opinión final sobre el tema.
Para finalizar, me gustaría llamar la atención de los lectores sobre dos
temas. El primero se refiere a la importancia que representa la prevención de
problemas en la familia y, por ende, en la sociedad; se requiere mucho más
trabajo de intervención sobre las interacciones tempranas entre los niños y
sus padres. Una manera de lograrlo es con entrenamientos formales que les
faciliten a las familias los medios para lograr el cambio. El otro tema
relacionado es referente a que, al parecer, no se le ha dado mucha importancia
al entrenamiento de personas que a su vez están en contacto con padres de niños
pequeños. Es importante reconocer que en la actualidad las interacciones
adultos-niños son más ricas y complejas que hace una década. Por esto mis
colegas y yo hemos dedicado una parte sustancial de nuestro tiempo a
certificar el entrenamiento de médicos, psicólogos y educadores para que
puedan ofrecer entrenamientos estandarizados a padres de niños pequeños.
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