Entrevistas a expertos

838 bytes, 7 x 11 pixeles ASPECTOS SOCIOLOGICOS DE LA DEPENDENCIA DEL ALCOHOL EN ADOLESCENTES

 

Entrevista exclusiva a
294 bytes, 13 x 11 pixeles A Pérez Milena

Médico de Equipo Básico de Atención Primaria
Jaén España 

"El consumo de alcohol y tabaco es un hecho social y culturalmente aceptado en nuestra sociedad. Para los adolescentes supone un paso casi obligado en su proceso de socialización, sobre todo en determinados ambientes de ocio entre iguales
.

 

La Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC) tuvo el agrado de entrevistar al Dr. A Pérez Milena, en referencia al artículo “Alcohol en Adolescentes: Estudio sobre Dependencia y Relación con Aspectos Psicológicos y Sociofamiliares" editado en la Medicina de Familia 6(1):28-334 Abr 2005  


Preguntas formuladas por los médicos que integran la agencia Sistema de Noticias Científicas (aSNC), brazo periodístico de SIIC.


Jaén España (especial para SIIC):



¿Cuáles fueron los objetivos del estudio llevado a cabo y de qué manera se cumplieron?
El estudio se planteó para conocer el contacto de los adolescentes con el alcohol (entendiendo por contacto cualquier tipo de consumo de alcohol) y el grado de dependencia que pudiera generar. También se quería valorar la relación del consumo con la personalidad del adolescente y su entorno familiar y social.
Para ello se planteó un estudio descriptivo transversal mediante encuesta autoadministrada y anónima en la que participó el 96% del alumnado de un instituto de educación secundaria (en total, 186 adolescentes de 13 a 17 años), perteneciente a una zona urbana de clase socioeconómica y cultural media y media-baja. Se realizó en una misma jornada escolar, previamente se entrenó a los profesores encargados de repartirlas. En la encuesta se recogieron las siguientes variables: edad, sexo, contacto del adolescente y de sus amigos con alcohol y otras drogas e información recibida sobre estos tóxicos. El tipo de personalidad del adolescente se valoró mediante el cuestionario de Personalidad de Eysenck (EPI); para la dependencia alcohólica se empleó el test CAGE, intercalando sus preguntas entre los otros tests para evitar falsos negativos. Por último, la función familiar se evaluó mediante la prueba de Apgar familiar.
Las conclusiones que nos ofrecen los resultados hallados son preocupantes, dado que el contacto con el alcohol en adolescentes que consumen otras drogas o con amigos adolescentes que también beben puede generar en el adolescente un alta dependencia del alcohol. En concreto, la mujer adolescente con rasgos psicológicos de control y extraversión tiene mayor riesgo cuando consume alcohol. Finalmente, la percepción de una familia disfuncional se relaciona con un mayor contacto con el alcohol y otras drogas durante la adolescencia.

¿Considera que el universo sobre el cual se realizó el estudio fue representativo de la juventud española en general y qué diferencias socioculturales se notaron con el resto de la población adolescente?
Creemos que se pueden realizar inferencias poblacionales a partir de los resultados obtenidos en nuestro trabajo. Los datos sociológicos sobre la juventud española ofrecen datos similares en todo el territorio nacional, aunque Andalucía presenta un mayor consumo de drogas no legales durante la adolescencia que en el resto de España. Los adolescentes estudiados tienen, al igual que el resto de población joven, mucho tiempo libre. De hecho, le dedican más tiempo al ocio durante los días laborables que al trabajo o al estudio. El tiempo libre diurno es, en su mayoría, doméstico y centrado en actividades, mientras que el ocio nocturno es preferentemente público y centrado en la relación con sus iguales: para más de la tercera parte de los adolescentes, ocio significa salir y divertirse. En Andalucía, más del 60% de los adolescentes se reúnen periódicamente en la calle, la noche es un tiempo libre compartido donde tomar copas, bailar o salir con amigos es lo más importante.
Este ocio nocturno origina nuevas relaciones interpersonales ya que tiene lugar en espacios abiertos, como la calle, en donde todos pueden participar sin ningún tipo de imposiciones, lo que contribuye a la diversidad de los participantes. Estos tiempos nocturnos se relacionan, tanto en nuestro grupo de estudio como en el resto de la población, con el consumo de alcohol y otras drogas, ya que propician la desinhibición y la apertura a los demás y crean un espacio social propicio a las relaciones.
Entre los adolescentes se constata un patrón de bebida menos regular y más impulsivo que entre los mayores, con una percepción de riesgo bajo; la marihuana es la droga más usada, y sirve de comodín para varios modelos de policonsumo de sustancias tóxicas. Encontramos diferencias en el patrón de consumo en medio urbano (mayor consumo de tabaco y drogas) frente al medio rural (mayor consumo de alcohol).

¿Cuál es la relación entre el consumo de alcohol y el consumo de drogas?
En el adolescente el consumo de alcohol se asocia al consumo de otros tóxicos, tanto tabaco como drogas “duras”. En un estudio que presentamos en el XV Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina Familiar y Comunitaria (junio de 2005, Huelva, España) se aprecia cómo se correlacionan positivamente el consumo de alcohol, tabaco y drogas, de forma que el adolescente que más alcohol consume tiene, con alta probabilidad, un consumo elevado de tabaco y es también consumidor de algún tipo de droga. Esta realidad es más frecuente cuando predomina el consumo exclusivamente durante el fin de semana.
Este patrón de consumo, muy extendido entre los jóvenes, merece especial atención: el “botellón”, según la jerga del adolescente (que trasciende incluso hasta los propios medios de comunicación), consiste en una concentración de jóvenes al aire libre durante los fines de semana, a veces incluso durante la semana, en la que se consume alcohol comprado por los propios adolescentes y que ellos mismos se encargan de llevar, para evitar el alto costo de la bebida en los bares y discotecas. Esta forma de ocio potencia el abuso de todas estas sustancias tóxicas, las drogas más frecuentes son la marihuana, la cocaína y las drogas de diseño, y se asocia con otras conductas de riesgo (aumento de la siniestralidad en los accidentes de tránsito, relaciones sexuales sin uso de métodos anticonceptivos, conductas antisociales...) que son muy nocivas en la formación y el crecimiento de un joven que se encuentra en pleno cambio biológico y psicosocial. El contacto con drogas es menor que el contacto con el alcohol, pero cualitativamente es muy importante ya que supondría una experiencia común en un subgrupo de adolescentes en riesgo que incrementa la posibilidad del abuso de tóxicos.

En el estudio queda probado que la disfunción familiar es un factor de riesgo para el consumo de alcohol entre los adolescentes. ¿Qué significa disfunción familiar y cómo repercute en la personalidad del adolescente?
El adolescente vive una etapa de cambios en la que se ve inmersa también su familia. Esta etapa requiere modificaciones en la estructura y organización familiar que, obligatoriamente, pasan por una adaptación y flexibilidad de los roles familiares. Estos cambios forman parte del desarrollo que el joven debe cumplir en su adolescencia: adaptarse a su cuerpo, relacionarse con los demás, alcanzar cierto nivel económico y social, y desarrollar un sentido de identidad satisfactorio.
Para valorar la impresión subjetiva del adolescente sobre la funcionalidad de su familia así como su integración en ella empleamoa en nuestro estudio la prueba Apgar familiar. Se trata de un instrumento validado y muy eficiente en la consulta por su bajo costo en tiempo de utilización, y al mismo tiempo muy útil para conocer si la familia puede considerarse un recurso para el adolescente o si, por el contrario, influirá empeorando su situación. En nuestro estudio, la disfunción familiar se asoció a un mayor porcentaje de adolescentes con test CAGE positivo, mayor aun si consumieron otras drogas, lo que coincide con estudios previos en otras zonas urbanas.
La percepción por parte del adolescente de una mala función familiar, con padres poco sensibles a sus necesidades es un factor de riesgo para el consumo de alcohol. Existen, además, relaciones bidireccionales y triangulares entre función familiar, apoyo social y salud mental, por lo que podemos pensar que el alcohol serviría al adolescente para intentar mejorar sus relaciones sociales entre iguales, pero a costa de un incremento del malestar psíquico, dado que es un mal mecanismo de adaptación.

¿El alcohol es siempre una forma de relación social o puede ser una expresión de rebeldía y evitación de la realidad?
El consumo de alcohol y tabaco es un hecho social y culturalmente aceptado en nuestra sociedad. Para los adolescentes supone un paso casi obligado en su proceso de socialización, sobre todo en determinados ambientes de ocio entre iguales. Una gran parte de ellos creen que la rebeldía (40%) y la despreocupación (28%) son características propias de la juventud. Sin embargo, el consumo de tóxicos es mayoritariamente una emulación inicial de las conductas de los mayores, y se mantendría después al considerarse una forma de potenciación en el grupo (como un rito de paso a la juventud): la cantidad consumida se asimila al grado de autonomía conseguido.
En nuestro estudio constatamos cómo el adolescente que bebe presenta mayor adaptabilidad al entorno y mejor control del estrés, mejorando así su sociabilidad por lo que tendría mayor número de experiencias sociales y podría liderar e influir sobre su grupo de amigos. Al mismo tiempo, en el perfil psicológico del adolescente con riesgo de dependencia alcohólica destaca una impulsividad excesiva y una falta de control sobre sus sentimientos, así como peor rendimiento escolar. El deseo de mayor autonomía personal y social frente a la dependencia que el adolescente tiene del ámbito familiar es, también, otro motivo que acerca al adolescente a determinadas conductas de riesgo como el consumo de alcohol, en un intento de autoafirmación personal y ante su entorno de iguales: la subcultura de los pares (los amigos del adolescente) posee sus propios valores sobre sexo, alcohol, moda, estilo de vida y perspectivas de futuro, y es muy influyente sobre el adolescente que busca aprobación y acogida fuera de su familia.
El alcohol como medio de relación social es un factor muy importante en la adolescencia, pero no es el único motivo que induce al consumo, ya que se trata de un fenómeno en el que influyen numerosas variables socioculturales, familiares y personales. Entre ellas, sería necesario destacar la influencia del entorno sociofamiliar: nuestro estudio coincide con otras publicaciones en las que se aprecia que tanto los conflictos familiares como las actitudes y modelos de conducta de los padres influyen en la conducta del adolescente frente a los tóxicos. De igual forma, el consumo de padres, familiares y amigos tiene un importante ascendente sobre la conducta del adolescente.
Otro factor a tener en cuenta es la sensación de control e invulnerabilidad que un adolescente tiene sobre su consumo de tóxicos: piensa que puede dejar el alcohol cuando quiera y que su consumo no le produce ningún tipo de daño físico ni psíquico. Por último, el alcohol como evitación de la realidad sería propio de adolescentes inmersos en sistemas familiares muy desestructurados, con problemas de alcoholismo o drogadicción entre los padres (y con frecuencia con problemas legales), o en casos de coexistencia de problemas de salud mental.

¿Cuál es la estrategia adecuada desde la atención primaria de la salud para prevenir el consumo de alcohol en la adolescencia?
El médico desde su consulta, al igual que el profesional de enfermería, debe adquirir conciencia de la importancia de este problema y la gravedad que supone para un adolescente el consumo de alcohol. La prevención del consumo de alcohol en adolescentes debería seguir dos pautas de actuación desde la Atención Primaria: primero, identificar los factores de riesgo personal y sociofamiliares relevantes del uso problemático de tóxicos, y en segundo lugar, llevar adelante intervenciones que tengan impacto sobre estos factores y contribuyan a reducir la morbilidad posterior. La identificación de factores de riesgo que hacen más vulnerable al adolescente (mala función familiar, consumo durante el fin de semana, sexo, determinado perfil psicológico, fracaso escolar...) debe realizarse de forma activa para conocer quién entra en la definición de menor en riesgo, que va a presentar mayor vulnerabilidad ante el consumo de sustancias tóxicas.
A la hora de actuar, las intervenciones breves que proporcionan información sobre el daño que provoca el abuso de tóxicos como el alcohol y las drogas parecen no ser suficientes, por lo que es necesario encontrar otros mecanismos de actuación más eficaces. La prevención escolar continúa siendo el ámbito de actuación preferente en todas las Comunidades Autónomas: existen interesantes experiencias educativas en el colegio o instituto, donde se implica y se motiva al propio alumnado para un cambio de actitud ante determinadas conductas de riesgo.
Es necesaria la coordinación de los profesionales implicados en esta tarea (sanitarios, psicólogos y educadores), y fundamentalmente de los padres de los adolescentes, ya que se debe intervenir dentro del ámbito tanto educativo como familiar. Una mala percepción de la función familiar por parte del adolescente suele ir acompañada de bajo apoyo social; en este sentido, hay que realzar la figura de los padres como acompañantes significativos que contribuyen a la construcción de la identidad personal del adolescente y ayudan en su proceso de socialización, adaptando las normas familiares y cambiando al tiempo que cambia su hijo, siendo al mismo tiempo un referente objetivo y válido.

¿Considera que la publicidad ejercida a través de los medios masivos de comunicación influye en la conducta de los adolescentes hacia el alcohol?
A principios de los años ’90 aparece una nueva idea de consumo de sustancias tóxicas que va ligado a la diversión juvenil, potenciando la mezcla de drogas legales e ilegales; la publicidad, por su parte, marca un estilo de vida para los jóvenes en el que el ocio se asocia a conductas de riesgo. En este estudio no se exploró la influencia que los medios de comunicación tienen sobre los patrones de consumo de tóxicos entre adolescentes. En cambio, realizamos una encuesta entre el alumnado de un instituto de educación secundaria en el curso 2004/05 en la misma zona urbana, explorando la motivación para fumar de los adolescentes. Los factores más frecuentes son los personales (53% ± 4.4), con argumentos como ser una decisión propia, sentirse bien fumando o “ser mayor”, y los microambientales (42% ± 4.3), por la influencia de amigos, familiares y educadores. Para los adolescentes, los factores macroambientales son los menos influyentes (36% ± 4.2) y sólo para un 29% de los encuestados la publicidad influye sobre su decisión de fumar.
Estos resultados podrían ser aplicables al consumo de sustancias tóxicas en general, pero se deben interpretar con cautela: para casi la mitad de los adolescentes, fumar es “algo normal”, accesible y entra dentro de sus posibilidades económicas. Esta sensación de “normalidad” para el consumo de sustancias tóxicas es transmitida incesantemente no sólo por la publicidad, sino en múltiples espacios lúdicos de la televisión y de otros medios de comunicación, relacionándola con un modo de vivir adecuado para los jóvenes. Por tanto, es posible que la influencia de los medios de comunicación sea elevada pero poco percibida por los jóvenes, quienes siguen pensando que es su propia decisión, y no la de su entorno, la que prevalece en la adopción de este tipo de conductas.

El alcoholismo es un grave problema de salud en todo el mundo, ¿cómo puede elaborarse un plan de salud pública sustentable en el tiempo que contemple la prevención y el tratamiento de este flagelo social?
España cuenta desde 1985 con una iniciativa gubernamental destinada a coordinar y potenciar las políticas que se llevan a cabo desde las distintas administraciones públicas y entidades sociales en materia de drogas. El Plan Nacional sobre Drogas diseña, impulsa, coordina, evalúa y efectúa el seguimiento de programas de prevención, asistencia y reinserción en el ámbito de la drogadependencia. Esta estrategia de salud pública realiza un abordaje integral de todas las sustancias adictivas, persiguiendo sensibilizar y movilizar a la sociedad para generar una cultura de rechazo a las drogas mediante el fomento de sus propios valores y recursos así como informar y educar a nuestros ciudadanos, especialmente niños y jóvenes, para que desarrollen estilos de vida positivos, saludables y autónomos.
En la consecución de estos objetivos deben trabajar de forma coherente e integrada las distintas administraciones, las organizaciones sociales, los padres y educadores, los medios de educación y la sociedad en su conjunto. Las acciones y programas a impulsar se aplican en los ámbitos escolar, comunitario y de los medios de comunicación. En nuestra Comunidad Autónoma, la Junta de Andalucía concreta esta política en intervenciones educativas; entre otros, destacamos el programa Forma Joven, en el que se pretende acercar la atención sanitaria al espacio educativo de los jóvenes, de asesorar informando y formando, para hacer posible la elección de la conducta más favorable en las tres áreas de atención preferentes del proyecto: afectivo-sexual, adicciones y salud mental.
Para que estas acciones de salud pública sean mantenidas en el tiempo se precisa que los últimos responsables de su aplicación, sanitarios y educadores, no sólo informen sino que fomenten el desarrollo de habilidades y recursos personales que refuercen al adolescente y lo hagan menos vulnerable, refuercen su autoestima y fomenten alternativas de ocupación del tiempo libre que ayuden a elegir estilos de vida saludables.

Puede agregar una opinión personal.
El consumo de alcohol y otras sustancias tóxicas en la adolescencia supone un problema de salud pública tanto por los problemas que provoca de forma inmediata (fracaso escolar, mala adaptación social, conducta de riesgo en las relaciones sexuales, accidentes de tránsito) como por la morbilidad que puede provocar a mediano plazo y la dependencia que generarían dichas sustancias adictivas. Como médicos debemos tomar conciencia de la magnitud de este problema y replantear nuestra atención al adolescente, haciendo especial hincapié en la prevención. Estas actividades preventivas deben plantearse de forma integral, abordando los problemas más frecuentes durante la adolescencia: consumo de sustancias tóxicas, relaciones sexuales sin protección, accidentes de tránsito, desarrollo de habilidades sociales, malestar psíquico.
Para ello es necesario un abordaje interdisciplinario, en el que junto con el resto del personal sanitario y educativo se aborden conjuntamente estas acciones, tanto en colegios e institutos como en los propios centros de salud. Estas actividades se deben dirigir a edades más tempranas, incluso en la preadolescencia, debido al inicio cada vez más precoz del consumo de alcohol. Sería necesario potenciar la capacidad de autorregulación del consumo de alcohol del propio adolescente en vez de realizar medidas prohibitivas impuestas, que sólo lograrían un efecto de ocultación del consumo. A los profesionales de la salud nos incumbe participar en el desarrollo de programas que, además de informar, motiven a los jóvenes y refuercen sus capacidades psicosociales, pero al mismo tiempo los formen en valores de convivencia y respeto. Posiblemente los adolescentes se fijen más en lo que hacemos (un sanitario fumando en consulta) que en lo que les decimos, por lo que además de motivar hay que ser un referente en salud desde nuestras propias acciones y situar al adolescente como el protagonista principal de toda intervención.
Por último, creemos que es necesario impulsar líneas de investigación sobre intervención en adolescentes, para valorar adecuadamente su impacto en la conducta de los jóvenes. Con ello conseguiremos mayor eficiencia en nuestras actuaciones y, sobre todo, una mayor salud global en los adolescentes.

 

 

 
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