COVID-19: TASA DE LETALIDAD Y RELACIÓN CON ESTRATOS SOCIALES EN VENEZUELA
Blanca Rosa Gil Arias
Doctoranda en Salud Pública, Universidad Central de Venezuela, Caracas, Venezuela
Caracas, Venezuela (SIIC)
Este articulo describe la letalidad en Venezuela durante la pandemia por Covid-19, marzo 2020 a mayo 2022 y su relación con los estratos sociales según Graffar y el comportamiento del índice Gini y la Curva de Lorenz en el periodo.
Observar y determinar la importancia de los DDS en los abordajes, pronóstico y recuperación económica de un país en caso de pandemia.
Los determinantes socioeconómicos de la salud1,2,3 tienen una consecuencia directa en la letalidad porque permiten el acceso a bienes y servicios que se relacionan con la producción de salud, que incluyen una alimentación suficiente y adecuada, el acceso a la educación, una vivienda digna, la atención sociosanitaria y las condiciones de trabajo. Los determinantes sociales de la salud3,4 explican las inequidades e injusticias que se producen en los países por la distribución desigual de las riquezas, e incluyen las políticas sociales de salud y económicas, los programas de desarrollo y las normas de los sistemas políticos que se ejecutan dentro de las naciones.
En este artículo se determinaron la morbilidad, mediante la frecuencia de casos del período, y las defunciones por COVID-19 confirmadas en Venezuela, en relación con los subindicadores de la dimensión socioeconómica, como producto bruto interno (PBI), índice de Gini y la curva de Lorenz de marzo de 2020 a abril de 2022, para dar respuesta a los siguientes interrogantes: ¿cómo se comportó la pandemia por COVID-19 según edad y sexo? ¿Cómo influyeron los determinantes socioeconómicos en la morbilidad y la mortalidad por COVID-19 desde marzo de 2020 hasta mayo de 2022? La salud y la enfermedad4-13 son construidas y determinadas por el contexto económico, social, político y cultural de cada país y, a su vez, estos dependen de las circunstancias materiales, biológicas, conductuales y psicosociales de la población para lograr la equidad en salud de las personas y, por ende, su bienestar. La posición socioeconómica desfavorable14-17 es un determinante potencial de las enfermedades infecciosas que, directa o indirectamente, toma relevancia en la pandemia por COVID-19. Para la contención en la propagación del virus se implementaron medidas como el aislamiento físico,15-18 que redujo la movilización y paralizó las actividades productivas. Para 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) observó un retroceso en la economía de América Latina e informó un PBI per cápita similar al de 2010, con una contracción económica del 9.1%, aumento de 13.5% en las cifras de desempleo y de 37.5% en la pobreza. Según la Organización Internación del Trabajo (OIT), también se incrementó el índice de dependencia laboral, con reducción en la ocupación y las horas de trabajo por el confinamiento. El PBI18 es un indicador económico que refleja el valor monetario de todos los bienes y servicios finales producidos por un país o una región en un período. El PBI per cápita18-20 representa la cantidad de dinero que le correspondería a cada habitante de un país en un año si se repartiera a todos por igual. En los determinantes sociales están los indicadores de desigualdad,21-24 como la curva de Lorenz, que refleja la distribución del ingreso de la población y se construye a partir de los individuos que reciben menos ingresos. También, el coeficiente Gini, un método utilizado para medir la desigualdad salarial, en una región determinada, durante un tiempo. Un valor de cero se considera la igualdad máxima, en tanto que un valor de 1, la desigualdad máxima. En tercer lugar se encuentra el índice de Theil, que mide el grado de desigualdad en la distribución de la renta. Mientras más alto sea este indicador, la dispersión entre el ingreso y la población es mayor, y viceversa.
Antes de la pandemia, Venezuela25-27 estaba económicamente deteriorada por diferentes factores: por un lado, la vulnerabilidad externa, es decir, la disminución de los ingresos fiscales, la cadena de producción, la falta de créditos internos y externos y el déficit de camas hospitalarias y de personal de la salud. Por otro lado, la vulnerabilidad interna, es decir, el nivel de pobreza, los bajos niveles de ocupación o el aumento en las tasas de desempleo. Para 2019,28 el 79.3% de la población venezolana estaba en la pobreza según las encuestas de condiciones de vida y de vivienda (Encovi); de ese porcentaje, el 96% de los hogares era pobre y el 79%, vivía en la pobreza extrema. La producción económica y las importaciones se mantuvieron muy por debajo de los niveles previos a la crisis (2010-2014). De 2014 a 2018,21 el PBI de Venezuela fue el más bajo entre los países de Sudamérica, con un crecimiento de -25% en Latinoamérica. La inflación fue en ascenso por la política fiscal y monetaria, en tanto que la debilidad institucional del Banco Central de Venezuela, los controles de cambio y de precios y la caída de la producción de múltiples rubros condujo a las devaluaciones de la moneda, la pérdida real del salario y el aumento del grado de la pobreza. Para 2020, la CEPAL28,29 informó que, entre 2013 y 2019, ocurrió una contracción económica del 63.4% debido a las restricciones por COVID-19, la escasez de combustible, el endurecimiento de las sanciones, la disminución de los ingresos fiscales (petroleros y no petroleros), el cese del pago de la deuda pública externa, la caída en los precios del crudo y el descenso en la producción; estos dos últimos factores contribuyeron a una disminución del PBI de más del 60%.
En cuanto al crecimiento económico9, 12, 30, 31 de los países de Sudamérica durante la pandemia, en Venezuela fue 8 veces mayor que en Chile (1.24%), Colombia (1.14%), Perú (1.09%) y Ecuador (1.05%) entre 2021 y 2022. El Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que la economía venezolana creció un 6% en 2022 y auguró un crecimiento del 6.5% en 2023, atribuible a la reducción del déficit presupuestario. Las reformas fiscales se centraron en recortes al gasto en obras públicas y subsidios y un repunte en los precios del petróleo que incrementó los ingresos del gobierno. El alivio de las sanciones reactivó la industria petrolera venezolana y reabrió los mercados estadounidenses y europeos a las exportaciones petroleras venezolanas, lo que constituyó un impulso a la economía. La pobreza se redujo a un estimado del 50.5% en 2022, frente a 65.2% en 2021; la mitad del país estaba en la pobreza y las reformas de liberalización económica fueron fragmentadas. El índice de dependencia laboral o la tasa de dependencia28-30 es otro indicador que mide la relación entre la población dependiente (menores de 15 años y mayores de 65 años) y la población en edad laboral (entre 15 y 64 años) y proporciona una idea de la carga que las personas en edad laboral soportan para mantener a la población dependiente.
Métodos
Se obtuvo una muestra anual de la población de casos con COVID-19 desde marzo a diciembre de 2020, 2021 y enero a mayo de 2022, y las defunciones en Venezuela y en sus 24 entidades federales. La información se reunió en un instrumento diseñado por la investigadora y validado por expertos en salud pública. Contenía los grupos de edad, el sexo, los casos, las defunciones y los estratos sociales, distribuidos por entidad federal. Se usó Excel 2016, se tabularon los datos en frecuencias absolutas, porcentuales y acumuladas, las tasas de letalidad (TL) y se elaboraron los gráficos. Se compararon las características epidemiológicas de la pandemia por COVID-19 según los estratos sociales de Graffar (estrato I: familias con nivel socioeconómico alto; estrato II: familias con nivel socioeconómico medio-alto; estrato III: familias con nivel socioeconómico medio; estrato IV: familias con nivel socioeconómico medio-bajo; estrato V: familias con el nivel socioeconómico bajo). Se obtuvieron las TL por entidades federales y por estratos socioeconómicos. Para la diferencia entre las TL se usó la prueba de la curva normal para muestras independientes con un nivel crítico de Z = 1.96 (alfa = 0.05). Se registraron los casos de COVID-19 en los 3 años mencionados y sus dependencias federales, desde el 1 de marzo 2020 al 31 de mayo de 2022. Las fuentes primarias fueron los artículos de revistas científicas y los libros;31-36 las secundarias fueron los boletines, los seminarios y los simposios procedentes del Banco Central de Venezuela, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial, la CEPAL, el Instituto Nacional de Estadísticas, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas, el Fondo de Poblaciones Unidas y datos publicados sobre COVID-19 de la Universidad Central de Venezuela. Se obtuvo la frecuencia absoluta de morbilidad, defunciones y TL según las entidades federales. También, las frecuencias acumuladas para el Gini. Con Excel 2016 se obtuvieron los cuadros y los gráficos estadísticos.
Resultados
En 2020, los grupos de edad más afectados fueron los de 20 a 29 años (24.88%), 30 a 39 años (22.56%), 40 a 49 años (16,65%) y 50 a 59 años (14.21%). El mayor número de casos se produjo entre abril y junio (Figura 1).
En 2021, los grupos de edad más afectados fueron los de 20 a 29 años (25.03%), 30 a 39 años (22.79%), 40 a 49 años (16.87%) y 50 a 59 años (14.43%). El mayor número de casos se produjo entre abril y julio (Figura 2).
En 2022, los grupos de edad más afectados fueron los de 20 a 29 años (25.31%), 30 a 39 años (23.06%), 40 a 49 años (17.12%) y 50 a 59 años (14.68%). El mayor número de casos se produjo entre enero y febrero (Figura 3).
En 2020 y 2021, el sexo masculino fue el más afectado por COVID-19 en comparación con el femenino. En 2022, de enero a mayo, la situación se invirtió (Tabla 1).
Desde marzo de 2020 a mayo de 2022 murió una persona por cada 100 pacientes por año, explicable por la virulencia del patógeno, la edad, el estado general de salud previo a la infección, las comorbilidades, las intervenciones en salud pública ejecutadas en el país y los avances en el tratamiento del virus (Tabla 2).
No hay necesidad de intervenir los estratos más afectados (3, 4, 5); en ellos ocurrió la mayor inequidad (Figura 4).
Discusión
Según Antoñanzas,11 los determinantes sociales de la salud condicionaron la distribución de COVID-19 en las poblaciones en situación económica desfavorecida, baja renta y/o pobreza material, menor nivel educativo, peores condiciones de vivienda y en los trabajadores del sector público; la mayor incidencia en las mujeres (mayor vulnerabilidad) y los cuidadores de adultos mayores fue similar a los resultados obtenidos en este estudio mediante los determinantes socioeconómicos. En este trabajo se observó mayor letalidad en los estratos sociales más bajos. En cuanto al sexo, el más afectado fue el masculino entre 2020 y 2021, mientras que esta relación se invirtió entre enero y mayo de 2022. El índice de masculinidad durante el período fue menor del 100%, con una variación media anual de 0.014 y predominio del sexo femenino.
Ferreira9 y ANOVA expresaron que el PBI se pondera por poblaciones; sin embargo, en 202, aumentaron las desigualdades e inequidades y Venezuela resultó el país más desigual de América Latina. Este autor planteó tres tipos de desigualdades: en primer lugar, el número de años perdidos por COVID-19 relacionado positivamente con el ingreso nacional per cápita. Al aumentar la edad de la población, la letalidad es mayor, y así ocurrió en Venezuela. En segundo lugar, por ingreso: los países más ricos tuvieron mayor contracción económica, lo que redujo la desigualdad en el país y entre países durante la pandemia (PBI per cápita) comprobable por el Gini. Para Venezuela, este se ubicó en 0.28. En tercer lugar, la pandemia exacerbó las desigualdades en el mercado laboral, ya que en los sectores esenciales se produjo desempleo y disminución de los ingresos en los hogares. El caso de Venezuela fue especial por los años de recesión económica, previos a la pandemia, lo que disminuyó la prevención del contagio y la satisfacción de las necesidades básicas de la vida diaria para un estilo de vida saludable y, en consecuencia, mayor morbimortalidad. Los grupos de edad más afectados por el coronavirus fueron los de 20 a 59 años, con variabilidad según los meses del año.37-42 Al respecto, Fantin, Brenes y Solís43 hallaron que, en los países americanos, la mortalidad asociada con COVID-19 fue mayor en las personas jóvenes (menos de 40 años) y de mediana edad (40 a 59 años), mientras que en los países de Europa occidental la frecuencia fue mayor en personas mayores de 60 años. Esto parece explicarse por la baja calidad de atención en la dimensión de elementos tangibles (accesibilidad física, radiología, laboratorio, farmacia); básicamente, por las barreras de los sistemas de salud en la accesibilidad. En consecuencia, se debe reflexionar e indagar en la evaluación de los indicadores de calidad de los servicios de salud de cada país durante la pandemia. Además, el envejecimiento de la población en todo el mundo es uno de los cambios demográficos más significativos del siglo XXI, con la disminución significativa de las enfermedades infecciosas y el aumento de las enfermedades crónico degenerativas. Esta situación exacerba las desigualdades que plantea Ferreira.9 Otros factores que influyeron en la morbimortalidad fueron las condiciones climáticas, las comorbilidades y la teoría inmunológica del envejecimiento.
Conclusiones
La inequidad aumentó la segmentación de la población venezolana durante la pandemia y los determinantes socioeconómicos influyeron en la morbimortalidad por COVID-19. Se debe redireccionar el sistema de salud y analizar los indicadores de calidad según la OMS y Donabedian en cuanto a estructura, procesos y resultados durante la pandemia.