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CONTEXTO HISTÓRICO DE LAS PRÁCTICAS MÉDICAS EN LA REVOLUCIÓN DE MAYO

Se describe el análisis de los procesos históricos de la medicina en 1810, con sus antecedentes en la época colonial del Virreinato del Río de la Plata, por medio de una síntesis de la función médica en esa etapa, las instituciones existentes y los primeros médicos de la época.

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Autor:

Carlos Grasso Fontán

Jefe del Servicio de Terapia Intensiva polivalente y Terapia Intermedia. Docente Universidad de Buenos Aires. Cardiología - Terapia Intensiva - Salud Pública.
Artículos publicados por Carlos Grasso Fontán
Editado en: Salud(i)Ciencia, 17 N° 8, Septiembre, 2010
Primera edición virtual en: siicsalud 18 de Junio, 2009

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Editoriales

Especialidades
Principal: Educación Médica, Salud Pública
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Carlos Grasso Fontán, Hospital General de Agudos José M. Penna, Dr. Pedro Chutro 3380, Buenos Aires, Argentina, E-mail: cgf1810@yahoo.com.ar

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CONTEXTO HISTÓRICO DE LAS PRÁCTICAS MÉDICAS EN LA REVOLUCIÓN DE MAYO

En el contexto sociopolítico y militar de nuestro ciclo emancipador, se presenta el desarrollo historiográfico de la etapa fundacional de la medicina en el país, vista desde su comienzo colonial hasta la transformación en el período revolucionario que llevaría al nacimiento de las actuales instituciones médicas, y a la actividad del arte de curar.

El objetivo propuesto es el análisis de los procesos históricos de la medicina en 1810, con sus antecedentes en la época colonial del Virreinato del Río de la Plata. Síntesis de la función médica desarrollada en este período, las instituciones existentes y los primeros médicos de la época en estudio.

Para ello, se recolectaron y revisaron datos históricos obtenidos de diversas fuentes, siendo éstas de la especialidad de la Historia de la Medicina, de la historiografía general y de diversos artículos periodísticos.

Se utilizó la técnica de muestreo y se realizó un formato de análisis-síntesis para su desarrollo.

El fin de este trabajo, más allá de un homenaje a la medicina del Bicentenario, es divulgar los acontecimientos históricos de un período fundamental en la medicina de nuestro país, dando relevancia a las estructuras e instituciones que se transformarían en la actualidad en la base de la formación médica y de la asistencia global de la salud, pero primariamente resaltar la actitud, profesionalidad en el arte de curar y sacrificio de nuestros médicos pioneros en un período tan complejo como fue el nacimiento de nuestro país.

Prácticas e innovacines en el campo de la salud en los XVII y XVIII
El comienzo del estudio realizado, en relación con la medicina en 1810, época del nacimiento de nuestra patria luego de la Revolución de Mayo, nos obliga a tener en cuenta los antecedentes de la salud previos a esta época.

En los siglos XVII y XVIII podemos observar como principales acontecimientos, a nivel de la medicina, el descubrimiento realizado por el médico inglés William Harvey en relación con la naturaleza de los latidos cardíacos y la circulación de la sangre en su libro “Sobre el movimiento del corazón”, donde establece los principios fundamentales sobre la fisiología moderna en relación con esta temática. Asimismo, la invención del microscopio en este período proporciona una contribución insoslayable, ya que este instrumento posibilitó las primeras investigaciones a escala celular. A su vez, a nivel de la cirugía, el escocés John Hunter estableció los principios técnicos modernos sobre esta disciplina, avanzando sobre el valor de la cirugía experimental. También el anatomista italiano Giovanni Morgagni argumentó la enfermedad como localización de parte del cuerpo y su posible repercusión de dispersión orgánica. Otra de las grandes contribuciones de este período fue la invención del estetoscopio por el médico francés René Laennec. Asimismo, a nivel de la prevención de las enfermedades, se considera la introducción de la vacuna descubierta por el médico inglés Edward Jenner uno de los mayores logros de este período.

Podríamos decir que en el territorio de la actual República Argentina, previamente denominado Gobernación y luego Virreinato del Río de la Plata, en el período anteriormente descrito (siglos XVII y XVIII), si bien la medicina tenía una aplicación individual relativamente similar a la de toda la América hispana, nutriéndose de los conocimientos de la época, mayormente europeos, carecía fundamentalmente de estructuras de contralor y regulación para el ejercicio de la profesión, así como de niveles institucionales que permitieran establecer políticas de salud, asistencia social y evaluación de los profesionales de la medicina, también carecía de instrumentos para su formación. Es de hacer notar que los médicos actuantes en este período se habían formado todos fuera de nuestro territorio.

La creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776, específicamente durante el gobierno del segundo virrey (Juan José de Vértiz), da un impulso muy importante a la estructura colonial vigente hasta la época; en este período se produce lo que podríamos llamar el nacimiento de la organización de la salud en nuestro territorio.

Son justamente el virrey Vértiz y el médico irlandés Miguel O’Gorman, destacado profesional ya establecido en Buenos Aires, quienes impulsan en forma conjunta la creación del Protomedicato en el Virreinato del Río de la Plata en 1780, con la autorización real de España. Esta institución tenía sus antecedentes en el medioevo español.

El Protomedicato se convierte así en un centro de políticas de salud, científicas y profesionales que tenía como funciones principales vigilar el cumplimiento de las medidas sanitarias, supervisar la función médica, examinar la idoneidad profesional y además aplicar sanciones en caso de necesidad; se dividía básicamente en tres secciones de contralor: de la medicina, de la cirugía y de la farmacia; concomitantemente se crean protomedicatos en todos los virreinatos de la América española.

Es llamativa la visión de la medicina en esta época. En ella convivían escasos médicos –recibidos como tales mediante estudios universitarios–; cirujanos, considerados tiempo antes como una categoría diferenciada; boticarios, como auxiliares de la medicina, junto con barberos, sangradores, curanderos, yuyeros y algebristas.

En ese tiempo las infecciones más comunes en la población eran las infecciones respiratorias, las enfermedades osteoartromusculares y las gastroenterológicas. También las epidemias eran frecuentes, debido a la deficiente higiene de la población, así como a la utilización de agua inadecuada para el consumo.

Como dato interesante y demostrativo, los aranceles estipulado en el virreinato eran, por ejemplo, para la visita simple, 4 reales; visita a medianoche, 1 peso; visita lejos, 1 peso por legua; ventosas o sanguijuelas, 2 reales; sangría común, 3 reales; operación simple, 2 pesos; operación compuesta, 4 pesos. Como referencia de equivalencia económica 1 real de 1780 correspondería en la actualidad a $ 50 a $ 100 argentinos, aproximadamente.

La formación de los profesionales de la Revolución
Una de las principales decisiones del Protomedicato fue la creación de la primera Escuela de Medicina del país, en 1801, que comenzó sus clases con un reglamento redactado por el Dr. O’Gorman, que estipulaba que los estudios duraban 6 años, dictándose las siguientes materias: anatomía y vendajes, química farmacéutica, fisiología botánica, instituciones médicas, materia médica, heridas-tumores-úlceras y enfermedades de los huesos, operaciones y partos, elementos de medicina clínica.

En la cátedra de medicina es nombrado Miguel O’Gorman, quien luego sería reemplazado por el médico criollo Cosme Mariano Argerich. En la cátedra de cirugía es nombrado el licenciado español Agustín Fabre. Por esta escuela pasaron profesionales de la talla de Francisco Argerich, Mariano Vico, Juan Madera y Juan Fernández.

Tanto esta escuela, como la formación de los profesionales y el ejercicio médico tuvieron desde ese punto de partida diversas alternativas de cambio derivadas de los procesos sociopolíticos y militares devenidos de los cambios en la corona española, de las invasiones inglesas y de la Revolución de Mayo, así como de las guerras de la Independencia.

Acompaña a los cambios descritos la falta de instituciones hospitalarias adecuadas. En el Virreinato de Buenos Aires existían solamente tres instituciones asistenciales: la Casa de Niños Expósitos, el Hospital de Mujeres y el Hospital de Mendigos, todos creados por Vértiz. Solamente luego de la fundación de la Escuela de Medicina se crea el nuevo Hospital San Martín.

En relación con la colaboración de los auxiliares de la medicina (actuales enfermeros), la asistencia de los pacientes estaba a cargo primariamente por los sacerdotes jesuitas, hasta su expulsión del Virreinato en 1777, y luego por los frailes betlemitas, que continuaron con dicha función en forma muy dedicada.

A pesar de lo expresado en relación con la asistencia hospitalaria, la mayor parte de la atención médica se realizaba en los domicilios particulares.

Entre las acciones llevadas adelante por el Protomedicato y la Escuela de Salud es de valorar la implementación de la vacunación antivariólica, a partir de 1805.

En 1810, y más específicamente luego de la Revolución de Mayo, el país se encontraba, debido a los acontecimientos políticos del momento, alejado de las realidades científicas y con una Escuela de Medicina con escaso funcionamiento.

La realidad militar para consolidar la epopeya emancipadora fue la determinante de la salud y de la actuación de los médicos de ese entonces, los cuales participaron activamente tanto en la política como en las acciones militares de la guerra de la Independencia, como profesionales médicos y, a veces, como soldados.

La Primera Junta encarga al doctor Cosme Argerich la organización básica sanitaria del momento y la elaboración de un listado de profesionales de la salud, fueran éstos médicos, cirujanos o boticarios, tanto de origen criollo como extranjeros, por las inmensas necesidades de los ejércitos en lucha. Como ejemplo, el doctor Juan Madera fue nombrado médico cirujano primero en jefe del Ejército del Norte, acompañando al general Balcarce y a Juan José Castelli, y el doctor Mariano Vico fue nombrado médico cirujano primero en jefe en la expedición al Paraguay, acompañando a Manuel Belgrano. A su vez, la Junta de Gobierno difundió la vacunación de los soldados en campaña.

En 1813, la Asamblea de este año creó la Facultad Médica y Quirúrgica, que luego pasó a llamarse Instituto Médico Militar, destinado a mejorar la capacitación de los profesionales del arte de curar y aumentar su dotación en los ejércitos patrios.

El doctor Cosme Argerich fue nombrado director de este instituto, que a su vez continuó con la formación médica del alumnado, acompañaba al profesor Argerich, el profesor doctor Juan A. Fernández.

La falta de médicos criollos obligó a la incorporación de médicos extranjeros. Entre ellos se destacó el médico español, plegado a la causa patria, Francisco de Paula Rivero, quien manejó la logística sanitaria de la Primera Junta de Gobierno, sobre todo en lo relativo a los planes de vacunación. También se destacó el médico norteamericano José Reedhead, quien acompañó al general Güemes, y sobre todo a Belgrano, en todas las campañas militares que éste comandó en el norte del país. Fue este médico quien asistió al propio Belgrano hasta su muerte, en 1820 en Buenos Aires.

Sin lugar a dudas el doctor Diego Paroissien –inglés de nacimiento y patriota por convicción personal– es tal vez uno de los profesionales más emblemáticos, ya que fue médico cirujano del Regimiento de Granaderos y del Ejército de los Andes comandados por el general San Martín, con quien entabló una estrecha amistad. Además de combatir contra los españoles, fue el creador del Departamento de Hospitales del Ejército de los Andes, obtuvo el cargo de coronel y fue parte del Comando en Jefe del general San Martín.

La Universidad de Buenos Aires
Es de hacer notar la precariedad en que se desarrollaron médicamente estos profesionales durante la guerra de la Independencia, debido fundamentalmente a la falta de recursos materiales y económicos.

Finalizadas las guerras por la liberación de nuestros territorios del dominio español, el Instituto Médico Militar fue reemplazado, tras la creación de la Universidad de Buenos Aires, en 1822, por el Departamento de Medicina dependiente de esta Universidad, cuyo decano fue el Dr. Martín de Montúfar.

El Departamento de Medicina fue formado por tres cátedras: Instituciones Médicas, Instituciones Quirúrgicas e Instituciones de Clínica Médica y Clínica Quirúrgica, sus profesores fueron Juan A. Fernández, Francisco C. Argerich y Francisco de Paula Rivero.

Comienza así la nueva historia de la medicina bajo la dirección de la Universidad de Buenos Aires, de donde egresarían grandes glorias de nuestra profesión médica.



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