Conceptos Categóricos

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE LOS TRASTORNOS DEL MOVIMIENTO RELACIONADOS CON EL SARS-COV-2

DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL DE LOS TRASTORNOS DEL MOVIMIENTO RELACIONADOS CON EL SARS-COV-2


Milán, Italia
Los trastornos funcionales del movimiento forman parte del diagnóstico diferencial primordial a tener en cuenta en la neurología, sobre todo en el contexto actual de la pandemia por el coronavirus-19, donde se incorporan los miedos y la angustia relacionadas con el confinamiento.

Neurological Sciences 1-2

Autores:
Piscitelli D

Institución/es participante/s en la investigación:
University of Milano-Bicocca

Título original:
Functional Movement Disorders in a Patient with COVID-19

Título en castellano:
Los Trastornos Funcionales del Movimiento en un Paciente con COVID-19

Extensión del  Resumen-SIIC en castellano:
2 páginas impresas en papel A4
  Antes que nada, la evidencia sugiere que el síndrome respiratorio agudo grave causado por el coronavirus de tipo 2 (SARS-CoV-2) es el responsable de la nueva pandemia de la enfermedad por coronavirus cepa del año 2019 (COVID-19) y por  causa del mismo se acrecienta la aparición de eventos psiquiátricos. Ciertamente, se han informado nuevos casos de trastornos mentales como la psicosis reactiva, la ansiedad, el insomnio, el pánico y los trastornos obsesivo-compulsivos; en personas por lo demás sanas. A saber, muchas personas que antes se caracterizaban por una férrea resiliencia para enfrentar la enfermedad, después de la COVID-19 se volvieron menos capaces de combatirla debido a los múltiples factores estresantes generados por la pandemia. De hecho, el miedo puede ser la causa subyacente de tales eventos psiquiátricos, ya sea en relación con la aparición de los síntomas del SARS-CoV-2 o con el encierro en sí. En esta revisión, se presenta el caso de una mujer de 39 años, enfermera domiciliaria, con un nivel sociocultural acorde a su profesión, sin antecedentes de trastornos somatomorfos u otra patología psiquiátrica, que desarrolló, con infección por el SARS-CoV-2, manifestando temblores funcionales. En primer lugar, la paciente el día 5 de marzo del año 2020, comenzó a experimentar: fiebre (~ 38 ° C), pérdida del olfato, dolor muscular y síntomas gastrointestinales con un frotis nasofaríngeo que fue positivo para SARS-CoV-2 el día 22 de marzo. Consecuentemente la paciente inició el período correspondiente de cuarentena consistente en el autoaislamiento, en cuyo lapso dos de sus compañeras convivientes fueron positivas también para el SARS-CoV-2. La paciente tras 7 días de sintomatología leve del SARS-CoV-2, comenzó a desarrollar un temblor en las extremidades inferiores de frecuencia y amplitud variables, sin temblores en miembros superiores ni en la cabeza. Presentaba movimientos anormales al sentarse, adoptando posturas distónicas en las extremidades inferiores, al caminar con una archa atáxica y movimientos espasmódicos en el decúbito supino durante el reposo. El 30 de marzo ingresó en el servicio de Urgencias y fue tratada con benzodiacepinas sin respuesta terapéutica. El 1 de abril fue admitida en el Departamento de Neurología, donde no se encontraron alteraciones neurológicas en el examen físico de rutina, y el 10 de abril fue dada de alta con el diagnóstico presuntivo de trastorno funcional. Dado que, para el 17 de abril, el temblor y los movimientos anormales se habían exacerbado, se sometió a la paciente a realizarse una resonancia magnética de cerebro y de columna con y sin gadolinio, sin hallazgos anormales. Asimismo, ella fue derivada a un neurólogo que le prescribió pruebas serológicas adicionales, sin detección de: las bacterias Borrelia burgdorferi y Treponema pallidum, la enfermedad del VIH, el síndrome de anticuerpos antifosfolípidos, la enfermedad tiroidea, el péptido natriurético cerebral y la ceruloplasmina. Finalmente, el 7 de mayo el SARS-CoV-2 fue indetectable en el hisopado nasofaríngeo. De hecho, en los días siguientes, la intensidad y la frecuencia del temblor disminuyeron y la paciente pudo caminar con ayuda. De suma importancia en el examen neurológico del 13 de mayo, se caracterizó al trastorno del movimiento como funcional, destacando al fenómeno de arrastre y al indiscutible efecto de las maniobras de distracción que repercutieron directamente en la cualidad del movimiento, modificando particularmente la intensidad del mismo. Análogamente, se verificó al movilizar pasivamente los miembros inferiores, la coactivación de los músculos agonistas y antagonistas. Asimismo, los potenciales evocados somatosensoriales del nervio peróneo fueron normales. Por último, en la evaluación psiquiátrica, la paciente se sintió cómoda y dispuesta en la entrevista, y se recabó como antecedente al síndrome de Munchausen. Para destacar la importancia de este caso, cabe señalar que una paciente sin antecedentes de eventos psiquiátricos o neurológicos previos a la infección por el SARS-CoV-2, exhibió tras la viremia, una sintomatología psiquiátrica completamente nueva, que se asemeja mucho a otras enfermedades neurológicas. De hecho, los temblores y los movimientos anormales podrían corresponderse potencialmente con una infección viral subyacente del sistema nervioso central o periférico; por lo cual se requirió de mucho tiempo y de numerosas pruebas diagnósticas antes de llegar al diagnóstico presuntivo. Por otra parte, se presume que el trauma psiquiátrico surge de la condición de la COVID-19 en sí o de los efectos del aislamiento debido al confinamiento. La manifestación del trauma sobreviene en el cuerpo, en este caso a través de los temblores y los trastornos del movimiento, mediante un mecanismo de defensa y el recuerdo de diferentes padecimientos previos. Ciertamente, durante el tiempo de aislamiento, puede reaparecer una dependencia o un contacto con el mundo interno que es difícil de elaborar y es capaz de inducir mecanismos disociativos. De hecho, durante el último examen neurológico y psiquiátrico, la paciente recordó que había experimentado previamente sensaciones similares mientras escalaba rocas. Específicamente, contó cómo sintió miedo y se paralizó a la mitad de su ascenso cuando sus piernas comenzaron a temblar. Este recuerdo destacó el origen funcional del trastorno del movimiento, dado que manifestaba su incapacidad para comunicar el miedo mediante la palabra en lugar del cuerpo.  Sobre todo, relató un aumento súbito de los temblores y de los movimientos anormales tras el alta hospitalaria. Por consiguiente, se vigoriza aún más el concepto de que los temblores y los trastornos del movimiento respondían al miedo y al aislamiento supeditados al SARS-CoV-2.
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