Conceptos Categóricos

DAÑO HEPÁTICO EN LA COVID-19

DAÑO HEPÁTICO EN LA COVID-19


Wuhan, China
En pacientes con enfermedad por coronavirus 2019, los niveles séricos de proteína C-reactiva de más de 1 mg/dl, un porcentaje de linfocitos inferior a 20%, el cociente entre aspartato aminotransferasa (AST) y alanina aminotransferasa (ALT) inferior a 1 y los niveles de triglicéridos por encima de 1.7 mol/l serían factores de riesgo de daño hepático.

Annals of Hepatology 10-32

Autores:
Chen F

Institución/es participante/s en la investigación:
Huazhong University of Science and Technology

Título original:
Clinical Features and risk Factors of COVID-19-Associated Liver Injury and Function: A Retrospective Analysis of 830 Cases

Título en castellano:
Hallazgos Clínicos y Factores de Riesgo de Disfunción y Daño Hepático en Asociación con COVID-19: Análisis Retrospectivo de 830 Casos

Extensión del  Resumen-SIIC en castellano:
1.98 páginas impresas en papel A4
Introducción
La enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19 por su sigla en inglés) es causada por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (Severe Acute Respiratory Syndrome [SARS]-CoV-2); hasta 30 de abril de 2020, la Organización Mundial de la Salud comunicó más de 3 millones de casos confirmados y más de 200 000 decesos. SARS-CoV-2 se asocia con síntomas similares a los producidos por SARS-CoV-1 y Middle East Respiratory Syndrome Coronavirus (MERS-CoV). Los síntomas más comunes incluyen fiebre, tos, disnea, e insuficiencia respiratoria; en ocasiones, la enfermedad puede ser fatal. Los tres coronavirus utilizan el mismo receptor para ingresar a las células del huésped – la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA2). La ECA2 y la serina proteasa transmembrana (TMPRSS2 por su sigla en inglés) son esenciales en términos de la infección por SARS-CoV-2. Los pulmones son los principales órganos afectados por este coronavirus; sin embargo, SARS-CoV-2 puede comprometer, también, otros órganos, como el sistema inmunológico y el sistema nervioso central, el hígado, el corazón, los intestinos, los músculos, los riñones y el tracto gastrointestinal. Además, de los pulmones, el hígado se compromete con mucha frecuencia en los pacientes con COVID-19. De hecho, es habitual que los enfermos presenten aumento de los niveles de alanina-aminotransferasa (ALT) y aspartato-aminotransferasa (AST), gamma-glutamil-transferasa (GGT) y bilirrubina, con ocasional daño funcional de los hepatocitos y disfunción de las células de los conductos hepáticos. En un estudio previo con 148 casos de infección confirmada por SARS-CoV-2, el 37.2% de los enfermos presentó trastornos de la función hepática en el momento de la internación; sin embargo, no se dispuso de información para estos pacientes sobre los antecedentes clínicos, y es posible que algunos enfermos tuvieran hepatitis crónica por virus de hepatitis B u otras hepatopatías virales crónicas, como enfermedad hepática grasa no alcohólica. Un grupo sugirió que la evolución de la enfermedad hepática crónica no se vincularía necesariamente con la gravedad de COVID-19 o la mortalidad. En el presente estudio retrospectivo se analizó la función hepática durante las primeras etapas de la infección y los cambios posteriores en 830 pacientes internados por COVID-19 en dos centros médicos de Wuhan, China. Se compararon los hallazgos clínicos en el momento de la internación, la gravedad, y la evolución clínica en pacientes con antecedente de enfermedad hepática o sin este. El objetivo fue analizar los factores de riesgo de enfermedad hepática y la asociación con la evolución clínica, en pacientes con infección por SARS-CoV-2.

Métodos
Se incluyeron pacientes internados entre 1 de enero y 15 de marzo de 2020 con COVID-19, según las guías preliminares de la Organización Mundial de la Salud. Los casos se confirmaron por medio de reacción en cadena de la polimerasa por transcripción reversa (RT-PCR por su sigla en inglés) o por la presencia de anticuerpos específicos contra el virus. Se identificaron 1046 pacientes tratados hasta 15 de abril de 2020, 830 de los cuales se incluyeron en el presente estudio. El daño hepático se definió en pacientes con aumento de las transaminasas, mientras que las anormalidades de la función hepática se definieron en enfermos con aumento de los niveles séricos de bilirrubina. Se aplicó el Roussel Uclaf Causality Assessment Method (RUCAM) para determinar la causalidad entre el tratamiento y el daño hepático. Se tuvieron en cuenta los antecedentes clínicos, las pruebas de laboratorio y los hallazgos en la tomografía computarizada (TC), los principales síntomas y las comorbilidades. Mediante modelos de regresión univariados y de variables múltiples se analizaron los posibles factores de riesgo de daño hepático y de anormalidad de las pruebas hepáticas.

Resultados
Un total de 227 pacientes (27.3%) presentaron anormalidades de las pruebas hepáticas, y 32 (3.9%) presentaron daño hepático según los criterios diagnósticos aplicados (niveles de bilirrubina dos veces por encima del límite superior de normalidad, según el consenso de expertos de la Chinese Society of Hepatology, Chinese Medical Association). Un total de 74 de 227 pacientes (32.6%) con anormalidades bioquímicas tuvieron más de 3 puntos en la RUCAM, mientras que en los pacientes sin anormalidades bioquímicas, el índice fue ligeramente más bajo, de 24.2% (146 de 603; p = 0.047). Los modelos de regresión de variables múltiples mostraron una incidencia más alta de anormalidades bioquímicas en asociación de atenuación reducida en la TC (odds ratio [OR]: 2.243; intervalo de confianza del 95% (IC 95%: 1.410 a 3.592; p = 0.001), el porcentaje de linfocitos < 20% (OR: 2.088; IC 95%: 1.476 a 2.954; p < 0.001), los niveles de proteína C-reactiva de más de 1 mg/dl (OR: 2.650; IC 95%: 1.845 a 3.806; p < 0.001) y el cociente AST/ALT > 1 (OR: 2.558; IC 95%: 1.820 a 3.596; p < 0.001).

Conclusión
Los pacientes con COVID-19 a menudo tienen anormalidades hepáticas, pero sólo un 4% aproximadamente presenta indicios de daño hepático. En los pacientes internados por COVID-19, la esteatosis hepática constituye un factor de riesgo de anormalidades de las pruebas hepáticas, pero estas no necesariamente progresan a daño hepático. Incluso así, la función hepática debe ser controlada regularmente para la detección precoz de lesión hepática.
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