REPERCUSIONES A LARGO PLAZO DE LA COVID-19


Atlanta, EE.UU.
Es posible que un gran número de personas experimente secuelas posteriores a la enfermedad aguda. Es fundamental adoptar un enfoque multidisciplinario en la atención de esta población vulnerable, para evitar la fragmentación del sistema de salud y permitir el estudio integral de las consecuencias de salud a largo plazo de la COVID-19.

JAMA 1-2

Autores:
del Rio C

Institución/es participante/s en la investigación:
Emory University School of Medicine

Título original:
Long-term Health Consequences of COVID-19

Título en castellano:
Consecuencias para la Salud a Largo Plazo de la COVID-19

Extensión del  Resumen-SIIC en castellano:
2.1 páginas impresas en papel A4
Introducción
La presentación clínica de la COVID-19 varía desde la infección asintomática hasta una enfermedad potencialmente mortal. Se estima que aproximadamente 20 millones de personas en todo el mundo se “recuperaron”; sin embargo, existen informes de pacientes con síntomas graves persistentes e incluso disfunción orgánica importante posterior a la infección. Debido a que COVID-19 es una enfermedad nueva, gran parte del curso clínico continúa siendo incierto, en particular, las posibles consecuencias para la salud a largo plazo, si es que las hay.  

Epidemiología
No existe una definición consensuada de COVID-19 posagudo. Según el COVID Symptom Study, en el que más de cuatro millones de personas ingresaron sus síntomas después del diagnóstico, la COVID-19 posaguda se define como la presencia de síntomas más allá de las tres semanas posterior al inicio, y COVID-19 crónico el que se extiende más allá de las doce semanas. En general, se reconoce el síndrome posagudo en pacientes que están en recuperación de una enfermedad grave, en particular si requirió internación e ingreso en la unidad de cuidados intensivos. En un estudio de 2016, sobre 43 pacientes dados de alta después de su estadía en la unidad de cuidados intensivos, el 84% informó deterioro en la cognición, la salud mental o la capacidad física, que persistió durante 6 a 12 meses después del alta (síndrome post terapia intensiva). En un estudio de Italia que evaluó la persistencia de los síntomas de COVID-19 en 143 pacientes dados de alta, sólo el 12.6% estaban completamente asintomáticos después de una media de 60 días posteriores al inicio de los síntomas. El síndrome de COVID-19 posagudo no sólo se observa en pacientes con enfermedad grave e internados. En una encuesta realizada por los Centers for Disease Control and Prevention en adultos con un resultado positivo, el 35% de los 274 encuestados sintomáticos informaron no haber regresado a su estado de salud habitual dos semanas o más después de la prueba. La edad mayor de 50 años y la presencia de tres o más comorbilidades crónicas se asociaron con no volver a la salud habitual dentro de los 14 a 21 días después de recibir un resultado positivo de la prueba. Además, una de cada cinco personas de entre 18 y 34 años sin comorbilidades crónicas aun no había alcanzado la salud inicial.  

Manifestaciones clínicas
Los síntomas que se informan con mayor frecuencia después de la COVID-19 aguda son fatiga, disnea, artralgias y dolor de pecho. Además se informaron alteraciones cardíacas, pulmonares y cerebrales.   Cardiovascular Se describió lesión miocárdica en pacientes con COVID-19 aguda grave. Se observaron miocarditis y arritmias posteriores a la infección. En un estudio con 100 pacientes recuperados, la resonancia magnética cardíaca (realizada una mediana de 71 días después del diagnóstico) reveló compromiso cardíaco en un 78% y miocarditis en curso en un 60%. La presencia de comorbilidades crónicas, la duración y la gravedad de la enfermedad aguda y el tiempo transcurrido desde el diagnóstico original no se correlacionaron con estos hallazgos. Por otra parte, en 26 atletas competitivos universitarios con COVID-19, ninguno de los cuales requirió internación y la mayoría sin síntomas, el 46% tuvo evidencia de miocarditis o lesión miocárdica previa en la resonancia realizada (entre 12 y 53 días de la prueba positiva). No se conoce la persistencia ni las consecuencias de tales hallazgos.  Pulmonar En un estudio con 55 pacientes con COVID-19, realizado a los tres meses del alta, el 64% tenían síntomas persistentes y el 71% presentaba anomalías radiológicas compatibles con disfunción pulmonar, incluso fibrosis intersticial. El 25% de los pacientes presentó una disminución de la capacidad de difusión del monóxido de carbono. En otro estudio, las anomalías en los resultados de las pruebas de función pulmonar obtenidos 30 días después del alta, comprendieron la disminución de la capacidad de difusión del monóxido de carbono y la disminución de la fuerza de los músculos respiratorios, se produjeron en el 53% y el 49%, respectivamente.  Neurológico El SARS-CoV-2 puede penetrar el tejido cerebral mediante la viremia y también por invasión directa del nervio olfatorio, lo que conduce a la anosmia. Hasta la fecha, los síntomas neurológicos a largo plazo más comunes son cefalea, vértigo y disfunción quimiosensorial (anosmia y ageusia). El accidente cerebrovascular es una consecuencia grave, aunque poco común. Se informaron casos de encefalitis, convulsiones y otras afecciones, como cambios de estado de ánimo y “confusión mental” hasta 2 o 3 meses después del inicio de la enfermedad.  Salud y bienestar emocional Aún no se determinó el alcance de las alteraciones emocionales y conductuales y la angustia general de los afectados. El diagnóstico de COVID-19 y el consiguiente distanciamiento se asoció con sentimientos de aislamiento y soledad. El estigma relacionado con COVID-19 también puede producir una sensación de desesperanza. El aumento de informes de malestar y agotamiento persistentes similares al síndrome de fatiga crónica puede dejar a los pacientes con debilidad física y trastornos emocionales. Las personas que se recuperan de COVID-19 pueden tener un riesgo aún mayor de depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático y trastorno por uso de sustancias.  

Conclusiones
Si bien no existen datos, es posible que un gran número de pacientes experimenten secuelas a largo plazo. En muchas localidades donde se produjeron brotes, se abrieron clínicas ambulatorias para personas que cursaron COVID-19. Es imperativo que la atención de esta población vulnerable adopte un enfoque multidisciplinario, con una agenda de investigación cuidadosamente integrada, para evitar la fragmentación del sistema de salud y permitir el estudio integral de las consecuencias de salud a largo plazo de la COVID-19. Además, dicho enfoque brindará la oportunidad de realizar de manera eficiente y sistemática estudios de intervenciones terapéuticas para mitigar los efectos adversos en la salud física y mental de cientos de miles, sino millones, de personas que se recuperan de COVID-19.  
ua40317