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EL FLUJO SANGUINEO TIROIDEO PERMITE DIAGNOSTICAR LA CAUSA DE TIROTOXICOSIS

La ecografía Doppler color brinda alta sensibilidad y especificidad diagnóstica

Kanazawa, Japón


Al evaluar el área de flujo sanguíneo tiroideo con ecografía Doppler color, los autores pudieron distinguir la tirotoxicosis inducida por destrucción glandular de la originada por la enfermedad de Graves.

 Fuente científica:  Thyroid 15(11):1249-1252 aSNC

 Autores:  Kurita S, Sakurai M, Kita Y

 Palabras clave:  Tirotoxicosis, flujo sanguíneo, ecografìa Doppler color, diagnóstico

 Key Words:  Thyrotoxicosis, blood flow, color Doppler ulatrsonography, diagnosis

flecha azul.gif (828 bytes) Institución principal:  Department of Diabetes and Digestive Disease, Kanazawa University Graduate School of Medical Science
flecha azul.gif (828 bytes) Correspondencia:  T Takamura, Department of Diabetes and Digestive Disease, Kamazawa University Graduate School of Medical Science, 920-8641, Kamazawa Japón
flecha azul.gif (828 bytes) Los autores no manifiestan conflicto de intereses


El bocio difuso tóxico es causado por la enfermedad de Graves (EG) o por la tirotoxicosis inducida por destrucción glandular (TD). Esta última incluye las tiroiditis de presentación subaguda, silente y posparto. Es importante distinguir entre los dos cuadros principales, ya que sus tratamientos son muy diferentes. La EG suele identificarse ante la presencia de anticuerpos anti-receptor de tirotrofina (TRAb) o por un aumento de la captación tiroidea de yodo radiactivo. Sin embargo, estos métodos diagnósticos insumen mucho tiempo y el segundo está contraindicado en pacientes embarazadas o que estén amamantando. Recientemente se informó que el aumento del flujo sanguíneo en la tiroides y de la velocidad sistólica en la arteria tiroidea o en el tejido glandular son útiles para el diagnóstico diferencial de la tirotoxicosis. Estos parámetros pueden evaluarse con la ecografía Doppler color (EDC), método eficaz, instantáneo y no invasivo. Para definir los criterios por los que se podría usar la EDC para diferenciar el diagnóstico etiológico de tirotoxicosis, los autores estudiaron a 32 pacientes con bocio difuso y tirotoxicosis, 21 con EG en estado eutiroideo, 12 con tiroiditis crónica y función tiroidea normal y 31 individuos sanos. Indicaron una evaluación mediante centellografía a 17 pacientes con bocio; en 13 personas se utilizó yodo radiactivo y se administró tecnecio 99 a las 4 restantes. En cada paciente evaluaron con EDC la sección longitudinal máxima del lóbulo tiroideo izquierdo, medido en posición supina y con el cuello en hiperextensión. Calcularon el volumen tiroideo al multiplicar [longitud x ancho x profundidad x 0.7]. Para determinar el área de flujo sanguíneo tiroideo (thyroid blood flow area, TBFA) emplearon la siguiente fórmula: (área de flujo sanguíneo tiroideo/área tiroidea) x 100 (%). De los 32 pacientes con tirotoxicosis, 22 padecían EG y 10 TD; los primeros eran significativamente más jóvenes y tenían niveles más elevados de hormonas tiroideas y del volumen glandular que los segundos. Sin embargo, estos parámetros clínicos no permitieron distinguir la EG de la TD. La EG se diagnosticó ante la presencia de tirotoxicosis con TRAb positivos o con una captación difusa elevada o normal del radionucleido en la centellografía tiroidea. Por su parte, se consideró que la tirotoxicosis era causada por TD cuando no se observó captación de los isótopos radiactivos en el centellograma. La tiroiditis crónica se diagnosticó ante la presencia de bocio difuso y anticuerpos antitiroglobulina y antitiroperoxidasa. El TBFA promedio de los pacientes con EG sin tratamiento fue significativamente mayor que el de los individuos con TD. Los valores de TBFA del grupo con EG no tratada fueron diferentes al resto de los grupos estudiados, mientras que los pacientes con EG controlada y función tiroidea normal tenían valores más elevados de TBFA en relación a los participantes sanos. Cuando los valores de TBFA oscilaron entre 7.7% y 8.8%, la EDC pudo distinguir la EG de la TD con una sensibilidad del 84% y una especificidad del 90%. Al usar EDC para diagnosticar EG cuando el TBFA era = 8% o los TRAb eran positivos, la sensibilidad fue del 95% y la especificidad, del 90%. Estos valores fueron similares a los obtenidos con el uso de captación de yodo radiactivo (sensibilidad del 100% y especificidad del 90%). El valor de predicción positivo fue del 95% y el negativo del 75%. Por su parte, el TBFA de los pacientes con EG que ya habían logrado normalizar su función tiroidea fue significativamente menor que en aquellos que no habían sido tratados. Por lo tanto, la EDC también podría ser utilizada para evaluar la eficacia del tratamiento en estos pacientes. Una restricción del método analizado es que los valores bajos de TBFA son compatibles tanto para la EG como para la TD: el 14% de los pacientes con EG no fueron diagnosticados como tales con la EDC, ya que sus valores fueron inferiores al 8%. En base a los resultados obtenidos y considerando que la EDC es un método útil, económico y rápido, los autores proponen un algoritmo diagnóstico para diferenciar el origen de la tirotoxicosis. Sugieren indicar en primer lugar una EDC; en aquellos pacientes cuyo TBFA sea = 8%, el diagnóstico corresponde a la enfermedad de Graves. Si estos valores fuesen inferiores al 8%, se debería solicitar la medición de TRAb o captación de yodo radiactivo.
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