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ANALIZAN CUATRO CASOS DE EPIGLOTITIS AGUDA CON ABSCESOS PERIAMIGDALINOS



Kumamoto, Japón


La epiglotitis aguda es una entidad poco frecuente. La laringoscopia flexible y la tomografía computarizada constituyen importantes herramientas para su diagnóstico. En el presente artículo se describen cuatro casos de epiglotitis aguda con abscesos periamigdalinos.

 Fuente científica:  Auris Nasus Larynx 38(2):284-288 aSNC

 Autores:  Ito K, Chitose H, Koganemaru M

 Palabras clave:  epiglotitis, absceso periamigdalino, tomografía computarizada, espacio preepiglótico

 Key Words:  epiglottitis, peritonsillar abscess, computed tomography, pre-epiglottic space

flecha azul.gif (828 bytes) Institución principal:  Kumamoto Central Hospital
flecha azul.gif (828 bytes) Correspondencia:  K Ito, Department of Otorhinolaryngology Kumamoto Central Hospital, 869-1235, Kumamoto Japón
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La epiglotitis aguda (EA) es una infección bacteriana poco frecuente pero potencialmente fatal. Aunque en la mayoría de los casos el diagnóstico se lleva a cabo por laringoscopia directa, si el paciente presenta estabilidad de la vía aérea debe realizarse una tomografía computarizada (TC) a fin de descartar un absceso profundo de cuello y establecer la estrategia terapéutica.
La EA es una infección bacteriana de las estructuras supraglóticas que se presenta fundamentalmente con odinofagia y disfagia, pero también con fiebre alta, voz apagada, tos, salivación y estridor. La disnea está presente en un tercio de los casos. Se trata de una infección grave que puede tener consecuencias fatales si hay obstrucción de las vías aéreas. Recientemente se ha observado un incremento en la incidencia de esta entidad. Algunos pacientes se presentan con un absceso periamigdalino o un absceso profundo de cuello. El absceso epiglótico es una complicación menos frecuente.
Los 4 casos descriptos en el presente artículo eran de sexo masculino, de entre 27 y 64 años. Todos presentaban odinofagia, disfagia, fiebre y aumento del recuento de leucocitos. Los casos 2, 3 y 4 recibieron inicialmente antibióticos por vía oral, pero regresaron a la consulta poco después por la ausencia de mejoría de los síntomas. La laringoscopia flexible reveló una epiglotis eritematosa y edematosa, con edema en la base de la lengua sobre uno de los lados de la epiglotis. El cultivo de exudado faríngeo se llevó a cabo sólo en el caso 2, y reveló el crecimiento de Streptococcus alpha (flora normal). La TC reveló la presencia de un absceso periamigdalino en los 4 pacientes, con un refuerzo en la base de la lengua en los casos 2, 3 y 4, y un absceso epiglótico en el caso 1. Todos los enfermos fueron tratados con antibióticos de amplio espectro por vía intravenosa (casos 1 y 2: carbapenem; caso 3: cefalosporinas de tercera generación; caso 4: penicilina), clindamicina e hidrocortisona. El drenaje quirúrgico no fue necesario en ninguno de ellos; los pacientes fueron dados de alta a los 5 o 7 días.
El diagnóstico de EA se confirma por laringoscopia directa en la mayor parte de los casos. La TC puede usarse para confirmarlo cuando la laringoscopia no está disponible. Los estudios por imágenes deben llevarse a cabo sólo en pacientes con una vía aérea estable, ya que la posición supina que se requiere para su realización aumenta el riesgo de insuficiencia respiratoria aguda. Los autores del artículo recomiendan realizar TC a todos los pacientes que presentan una epiglotis edematosa, aún en los casos de edema leve, ya que este método permite determinar el tratamiento más efectivo (antibióticos intravenosos contra gérmenes anaerobios, incisión o drenaje del absceso), además de descartar la presencia de un absceso profundo de cuello. De hecho, los casos 3 y 4 presentaban una epiglotis levemente edematosa. Sin embargo, la TC reveló la presencia de un absceso periamigdalino, lo cual sugiere que el edema de epiglotis fue secundario a dicho absceso.
El absceso epiglótico es una complicación poco frecuente de la EA y generalmente se diagnostica por laringoscopia directa. El diagnóstico del absceso periamigdalino por inspección orofaríngea plantea mayores dificultades. En los cuatro casos descriptos, dado que el absceso se encontraba sobre el polo inferior de la amígdala palatina, el diagnóstico definitivo fue hecho por TC. Los autores sugieren que el edema de epiglotis es secundario a una infección orofaríngea, la cual suele estar causada por H. influenzae en niños y por Streptococcus pyogenes beta hemolítico, Staphylococcus aureus o Klebsiella pneumoniae en adultos. La infección orofaríngea produce linfadenitis del espacio periamigdalino que puede convertirse en una inflamación flegmonosa, la cual, a su vez, puede conducir a un absceso de cuello. Al mismo tiempo, el exudado inflamatorio se extiende hacia el espacio preepiglótico y sería el responsable del edema de epiglotis.
En conclusión, los autores recomiendan la TC en todo paciente con edema de epiglotis y estabilidad de la vía aérea, incluso si se trata de un edema leve. Si la TC revela un absceso periamigdalino, el tratamiento debe incluir antibióticos contra gérmenes anaerobios y debe considerarse la posibilidad de realizar una incisión y drenaje del absceso.
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