Conceptos Categóricos

COVID-19 Y ANOSMIA

COVID-19 Y ANOSMIA


Londres, Reino Unido
Mediante la revisión de la literatura existente sobre el manejo de la anosmia y con las actualizaciones pertinentes a la pérdida del olfato relacionada con la COVID-19, en el Reino Unido se creó una guía para dar pautas en el manejo de dicho síntoma.

BMJ 370(2808):1-4

Autores:
Walker A

Institución/es participante/s en la investigación:
University Hospital Lewisham

Título original:
Anosmia and Loss of Smell in the era of Covid-19

Título en castellano:
La Anosmia y la Pérdida del Olfato en la Era de la COVID-19

Extensión del  Resumen-SIIC en castellano:
1.9 páginas impresas en papel A4
  Con el descubrimiento de la covid-19 (enfermedad por coronavirus del año 2019) y a medida que se han definido los síndromes clínicos asociados a este virus, se realizó una guía para la evaluación y el tratamiento de pacientes con pérdida del olfato basada en la revisión de la literatura y las directrices actuales de la British Rhinology Society y ENT UK, el organismo de membresía profesional que representa la cirugía de oído, nariz y garganta en el Reino Unido. La evidencia se identificó a través de PubMed y las pautas se obtuvieron tanto de Public Health England como de ENT UK. En mayo del año 2020, la anosmia se reconoció como un síntoma de la covid-19 a la luz de la evidencia acumulada, de hecho, un metanálisis exhibió una pérdida del olfato en el 55% (intervalo de confianza del 95%, entre el 38% y el 70%) de los pacientes con esta enfermedad. Las encuestas arrojaron como resultado que la pérdida del olfato suele ser grave y de inicio repentino, pero transitoria en la mayoría de los pacientes, aunque el 10.6% no mejoraron después del mes. Si bien, la mitad de los pacientes con covid-19 pueden perder el sentido del olfato, 9 de cada 10 pacientes pueden esperar una mejora sustancial en su sentido del olfato en cuatro semanas. Asimismo, se sugiere considerar la derivación cuando los síntomas persisten más de 4-6 semanas en aquellos pacientes que son negativos para la covid-19 sin otra causa identificada, o cuando la clínica persiste más allá de los tres meses para aquellos que son positivos para la covid-19. La guía establece que un nuevo cambio o pérdida del sentido del olfato debe provocar un período de autoaislamiento. En la misma se aconseja realizar una prueba de infección por  coronavirus19, ya sea con la reacción en cadena de la polimerasa con transcripción inversa (RT-PCR) (si se presenta dentro de los 7-10 días  desde el inicio de los síntomas) o por serología (si se presenta después de los 10 días del comienzo), en todo paciente con pérdida repentina del olfato para los que no existe una explicación alternativa evidente  (p. ej., masa nasal obstructiva, rinitis alérgica grave). Conviene destacar que la mayoría de los pacientes con pérdida del olfato e infección por la covid-19 informarán otros síntomas asociados, como la obstrucción y la secreción nasal anterior, aunque el 16% de los pacientes puede presentar anosmia como síntoma aislado. En estos casos, lo más probable es que exista una causa neurosensorial, generalmente tras infecciones virales diferentes al coronavirus-19. Ciertamente, la pérdida del olfato no cambia de un día a otro y puede ser sustancial y los síntomas pueden manejarse exitosamente en la atención primaria e involucionarán sin requerir de otras investigaciones diagnósticas. No obstante, una excepción clave la conforman aquellos pacientes con pérdida del olfato y síntomas neurológicos inexplicables y aquellos que llevan más de seis semanas de pérdida del olfato. Definitivamente, una anamnesis completa y detallada, especialmente cuando las consultas se realizan de forma remota es fundamental. Siempre es recomendable pesquisar otros síntomas que sugieran una posible infección por el coronavirus-19, e indagar acerca de la ageusia, aunque esta última generalmente refleja la pérdida de la percepción del sabor en función del olfato, más que una verdadera alteración del gusto. A saber, la disfunción gustativa es común en la covid-19 y se cree que ocurre en el 42% de los pacientes, y que sucede primordialmente como consecuencia de una disminución del sentido del olfato. De suma importancia es alentar a los pacientes a continuar con las medidas terapéuticas de primera línea, como los aerosoles de corticosteroides tópicos o el entrenamiento olfativo, mientras esperan la revisión de los especialistas de oído, nariz y garganta. A saber, el entrenamiento olfativo es una estrategia de autogestión que implica un programa regular de uso de olores fuertes o aceites esenciales para activar la recuperación del sistema olfativo. Por otro lado, el uso de corticosteroides para la pérdida del olfato es controvertido. En efecto, se puede considerar la posibilidad de utilizar gotas tópicas en pacientes con pérdida del olfato mayor a dos semanas, o en aquellos que presentan obstrucción nasal asociada; sin embargo, no se debe ofrecer esteroides orales a los pacientes en las primeras dos semanas después del diagnóstico o sospecha de la covid-19 (debido a la probabilidad de recuperación espontánea y al riesgo de efectos secundarios). En la guía se aconseja individualizar la decisión terapéutica y discutir con cada paciente los beneficios y los riesgos, que incluyen el aumento de la glucemia, la alteración del estado de ánimo, la psicosis y la necrosis avascular de la cabeza femoral. Por último, se debe tener presente que los pacientes con pérdida del olfato, sufren un detrimento significativo de su calidad de vida, y que las personas con anosmia asociada a la covid-19 pueden manifestar enojo por haber estado expuestas a una infección, frustración por la imposibilidad de acceder a las pruebas diagnósticas en el momento del inicio de los síntomas y culpa por transmitir la infección a otras personas.
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