Conceptos Categóricos

PATRONES ALIMENTARIOS Y ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL

PATRONES ALIMENTARIOS Y ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL


Atlanta, EE.UU.
Diversos factores demográficos, de estilo de vida y alimentarios podrían estar asociados con el riesgo de aparición de enfermedad inflamatoria intestinal (EII); la información en conjunto sugiere que el aumento de la ingesta de comidas no saludables pudo haber contribuido en la prevalencia creciente de EII en los Estados Unidos. Se requieren estudios longitudinales para establecer conclusiones firmes en este sentido.

Plos One 15(4):1-25

Autores:
Han MK

Institución/es participante/s en la investigación:
Georgia State University

Título original:
Examination of food Consumption in United States Adults and the Prevalence of Inflammatory Bowel Disease Using National Health Interview Survey 2015

Título en castellano:
Evaluación del Consumo de Alimentos en Adultos de los Estados Unidos y Prevalencia de Enfermedad Inflamatoria Intestinal con los Datos de la National Health Interview Survey de 2015

Extensión del  Resumen-SIIC en castellano:
2.01 páginas impresas en papel A4
Introducción
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una afección crónica del tracto gastrointestinal; se estima que alrededor de 3.1 millones de adultos de los Estados Unidos tienen EII, según los datos de la National Health Interview Survey de 2015. Las dos EII más comunes son la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU); si bien estas entidades clínicas pueden aparecer en cualquier momento de la vida, en inicio frecuentemente ocurre en los primeros años de la edad adulta, con evolución crónica con exacerbaciones y remisiones. Los síntomas recurrentes –diarrea, dolor abdominal, sangrado intestinal, desnutrición y pérdida de peso– son sumamente incapacitantes y reducen considerablemente la calidad de vida y la participación en actividades sociales y físicas. La etiología de las EII no se conoce, pero se asocian fuertemente con la predisposición genética, la composición de la microbiota intestinal y la respuesta inmunológica innata y adquirida. En los últimos años se prestó atención especial al posible papel de diversos factores ambientales, por ejemplo la dieta, los hábitos de vida y los factores sociales. De manera independiente de los diferentes riesgos atribuibles asociados con la EII, el abordaje tradicional para su tratamiento está destinado a la regulación de la producción de citoquinas sintetizadas por linfocitos T y otros efectos proinflamatorios, ya que por el momento no existen terapias curativas ni alternativas eficaces para evitar las recidivas y controlar la inflamación. Los pacientes con EII tienen riesgo aumentado de presentar cáncer de colon. La información en conjunto ha sugerido una vinculación entre la dieta y diversos nutrientes, como posible factor de riesgo de EII; las recomendaciones dietarias a menudo están destinadas a la corrección de las morbilidades relacionadas, por ejemplo la anemia por deficiencia de hierro, frecuente en los pacientes con EII. En una revisión sistemática, el consumo elevado de grasas totales, ácidos grasos poliinsaturados, ácidos grasos omega-6, grasas saturadas y carnes se asoció con riesgo aumentado de EII, mientras que el consumo alto de frutas y fibra reduciría el riesgo de EC, pero no de CU. En el contexto de la urbanización y la globalización de la economía, la incidencia creciente de enfermedades inflamatorias, como trastornos autoinmunes y entidades relacionadas con la obesidad, se ha vinculado con la adopción de estilos de vida y dietas occidentales; sin embargo, hasta ahora no ha podido establecerse el papel definitivo de diversos nutrientes en la etiología de las EII. En el presente estudio se utilizó la información proporcionada por una investigación transversal de los Estados Unidos, con la finalidad de establecer posibles relaciones entre el consumo de distintos alimentos y el riesgo de EII; aunque el cuestionario utilizado en la NHIS de 2015 no fue específico para la EII, se considera apropiado para tal fin.

Métodos
La NHIS es una investigación transversal que se lleva a cabo una vez por año, desde 1960. Los participantes completan cuestionarios de 6 secciones: hogar, familia, personal, muestra de niños, daños y muestra de adultos. Para el presente estudio se utilizaron específicamente los datos personales, de la muestra de adultos y de la muestra del Adult Cancer Module (CCM). Se analizaron sujetos de 18 años a 85 años que completaron simultáneamente el estudio NHIS y el CCM. Los participantes se agruparon en categorías por edad: 18 a 24 años, 25 a 34 años, 35 a 44 años, 45 a 54 años, 55 a 64 años, 65 a 74 años y 75 a 85 años. Se tuvieron en cuenta el nivel educativo, los ingresos económicos por familiar, el índice de masa corporal, el hábito de fumar y el consumo de alcohol. A partir del CCM se obtuvo información para diversos grupos de alimentos, por ejemplo, cereales, arroz integral (y otros granos enteros), frituras, ensaladas, jugo de fruta al 100%, verduras, frutas, legumbres, quesos, carnes procesadas, galletitas, bebidas energéticas, gaseosas, té, café y bebidas endulzadas con azúcar. En la NHIS de 2015, la EC y la CU se consideraron una variable en salud; se estimaron los odds ratios (OR) con intervalos de confianza del 95% (IC 95%). En los análisis de regresión se realizó ajuste según las características demográficas y los hábitos de vida; se estableció la prevalencia de EII en los consumidores por encima o por debajo del promedio para cada categoría de alimentos.

Resultados
Los alimentos fritos fueron consumidos con mayor frecuencia por los pacientes con EII, en comparación con los sujetos sin EII. Los pacientes con EII consumieron menos cantidad de jugos 100% naturales y consumieron más quesos y galletitas en comparación con la población sin EII. La ingesta de frituras (OR: 1.60; IC 95%: 1.14 a 2.25) y de bebidas energéticas (OR: 1.46; IC 95%: 1.07 a 1.97) se asoció con el riesgo de aparición de EII, mientras que el consumo de maíz (OR: 0.73; IC 95%: 0.548 a 0.971) y leche (OR: 0.70; IC 95%: 0.497 a 0.998) se asoció con riesgo reducido de EII, en los modelos con ajuste según diversas variables de confusión. La ingesta de comida poco saludable (“chatarra”) se asoció positivamente con la prevalencia de EII.

Conclusión
Los resultados del presente estudio ponen de manifiesto diversos alimentos potencialmente asociados con el riesgo de EII; la información en conjunto sugiere que el aumento de la ingesta de comidas no saludables pudo haber contribuido en la prevalencia creciente de EII en los Estados Unidos. Se requieren estudios longitudinales para establecer conclusiones firmes en este sentido.
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