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CLÍNICA DIFERENCIAL EN NIÑOS INFECTADOS POR SARS-COV-2, TRAZABILIDAD DE CONTACTOS Y RENTABILIDAD DE PRUEBAS DIAGNÓSTICAS

CLÍNICA DIFERENCIAL EN NIÑOS INFECTADOS POR SARS-COV-2, TRAZABILIDAD DE CONTACTOS Y RENTABILIDAD DE PRUEBAS DIAGNÓSTICAS


Vigo, España
Los resultados del presente estudio indican que el cuadro clínico asociado con la infección por SARS-CoV-2 en niños es inespecífico; los síntomas más específicos son aún más difíciles de detectar en niños más pequeños. Los niños tendrían un papel reducido en la transmisión intrafamiliar. La sensibilidad de la RT-PCR podría estar relacionada con una menor contagiosidad infantil tras una semana de infección.

Anales de Pediatría 94(5):318-326

Autores:
Fiel-Ozores A

Institución/es participante/s en la investigación:
Hospital Universitario Álvaro Cunqueiro

Título original:
Clínica Diferencial en Niños Infectados por SARS-CoV-2, Trazabilidad de Contactos y Rentabilidad de Pruebas Diagnósticas: Estudio Observacional Transversal

Título en castellano:
Clínica Diferencial en Niños Infectados por SARS-CoV-2, Trazabilidad de Contactos y Rentabilidad de Pruebas Diagnósticas: Estudio Observacional Transversal

Extensión del  Resumen-SIIC en castellano:
2.28 páginas impresas en papel A4


Introducción
Desde el inicio de la actual pandemia por coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (Severe Acute Respiratory Syndrome [SARS]-CoV-2), el papel de los niños en el contagio se refien permanentemente. En un primer momento, fueron considerados importantes vehículos de transmisión, probablemente por extrapolación con lo que sucede con otros virus, como el de la gripe. Estudios posteriores cuestionaron la capacidad de contagio, especialmente para los menores de 10 años. En la comunidad autónoma de Galicia se implementaron medidas de confinamiento poblacional en un momento en el cual la tasa de transmisión comunitaria era relativamente baja. La incidencia acumulada alcanzada por esta infección la nuestra población pediátrica, entre los meses de marzo y junio, en los que estuvo vigente el estado de alarma, fue inferior a la de otros territorios. Los estudios de seroprevalencia en el área estimaron una tasa de contagio del 2.0% en la población general y del 0.5% en menores de 15 años. En el sistema sanitario de la región se generaron circuitos asistenciales diferenciales para el aislamiento de pacientes, o dispositivos de diagnóstico móvil, que contribuyeron a reducir la transmisión. En el Servicio de Urgencias Pediátricas se estableció un protocolo de rastreo de la infección, mediante la técnica de reacción de cadena de la polimerasa con transcriptasa inversa (RT-PCR por su sigla en inglés) para SARS-CoV-2 en muestra nasofaríngea ante cualquier caso de sospecha. Ante la posible coexistencia de la infección por el virus SARS-CoV-2 con otras infecciones estacionales, el objetivo del presente estudio fue identificar síntomas diferenciales de la infección por el virus SARS-CoV-2. Como objetivos secundarios se estudiaron las posibles rutas de contagio en niños, en un área donde apenas hubo transmisión comunitaria, y se evaluó el papel en la transmisión dentro del núcleo familiar. Por último, se estudió la rentabilidad de las técnicas de diagnóstico mediante RT-PCR, con respecto a otros métodos diagnósticos.

Pacientes y métodos
El estudio observacional transversal abarcó una población de referencia de 73 000 niños. Se incluyeron todos los pacientes de 0 a 15 años sometidos a rastreo con RT-PCR por sospecha clínica durante el período de estudio, entre marzo y mayo de 2020, meses posteriores a decretarse el estado de alarma y el confinamiento poblacional. En todos los pacientes incluidos en el estudio se realizó estudio serológico semanas después de la realización de RT-PCR. Todos los pacientes completaron una encuesta sobre manifestaciones clínicas y posibles vías de transmisión. Específicamente se evaluó la presencia y la duración de una lista de síntomas y signos previamente establecidos por los investigadores. Se tuvieron en cuenta la edad, el sexo, la fecha de inicio de los síntomas, el cuadro clínico inicial, otros síntomas y signos surgidos en cualquier momento de la evolución y la duración de cada uno de ellos, la identificación mediante fotografía de lesiones cutáneas (urticaria, perniosis, exantema), la fecha del contacto con personas infectadas por virus SARS-CoV-2 y la descripción del contacto, número y parentesco de los familiares afectados, gravedad de los casos infectados intrafamiliares, secuencia de contagio intrafamiliar y número de convivientes.

Resultados
Se incluyó a 126 pacientes: 33 con infección y 93 sin infección. Los  menores de 15 años representaron el 2.2% del total de infectados en el área durante el período de estudio, ya que se diagnosticaron 1650 pacientes. La incidencia acumulada de infección confirmada en esta franja de edad en la población fue del 0.04%. No se obtuvieron diferencias significativas entre los grupos en cuanto al sexo (66.7 respecto de 59.1% varones, respectivamente), aunque sí con respecto a la edad (p = 0.035). Los niños con infección confirmada tenían una edad media superior, 8.4 años (intervalo de confianza del 95% [IC 95%]: 6.8 a 10.0), en comparación con 6.5 años en los no infectados (IC del 95%: 5.7 a 7.4). Entre las manifestaciones clínicas iniciales, la más frecuente en ambos grupos fue la fiebre, sin hallarse diferencias significativas entre los grupos. En el grupo de infectados, tras la fiebre, los síntomas iniciales más comunes fueron la dificultad respiratoria y la rinorrea, mientras que en los no infectados, los síntomas más comunes fueron los escalofríos y la diarrea. Ningún niño infectado refirió diarrea como primera manifestación y ningún niño no infectado refirió disgeusia ni anosmia como síntoma inicial. En el curso de la evolución, la fiebre continuó siendo el dato más común, siendo significativamente más frecuente entre los no infectados (p = 0.008) y entre los varones (p = 0.039), seguido por la tos. No hubo diferencias entre los grupos en la frecuencia de disnea ni de síntomas constitucionales, como astenia o mialgias, asociados a la infección por virus SARS-CoV-2, ni tampoco de lesiones cutáneas, presentes en un 21.2% de los casos. Se comprobó una mayor frecuencia de cefalea (p = 0.009) y anosmia (p = 0.029) entre los niños infectados. Por el contrario, la fiebre (p = 0.008), los vómitos (p = 0.011) y el dolor abdominal (p = 0.012) fueron más frecuentes entre los no infectados. El síntoma con mayor sensibilidad fue la fiebre (69.23%) y los síntomas con mayor especificidad fueron la anosmia (96.7%), la disgeusia (93.4%), la rinorrea (88.0%), las lesiones de piel (82.6%) y la cefalea (80.4%). En cuanto a la vía del contagio, un 19.4% de los no infectados refirieron haber tenido un contacto estrecho con una persona infectada y sin embargo, no demostraron infección, encontrándose una diferencia significativa con los infectados (p < 0.001) en los que un 66.7% tuvo un contacto estrecho con RT-PCR positiva. En este grupo un 81.8%, frente a un 9.7% en el grupo no infectado, tuvieron familiares con síntomas (p < 0.001). Un 81.8% de los infectados fue probablemente contagiado en el núcleo familiar, en un 85.2% de los casos por un progenitor que trabajaba fuera del hogar. La sensibilidad de RT-PCR fue 70.9% y su valor predictivo negativo 91.1%.

Conclusión
El presente estudio revela fuertes similitudes entre los datos clínicos presentes en los niños infectados por virus SARS-CoV-2 y los pacientes no infectados. El cuadro clínico registrado fue altamente inespecífico y no permitió distinguir con precisión aquellos que podrían relacionarse con la infección. Las dificultades diagnósticas fueron incluso más pronunciadas en los pacientes de menor edad. Los niños tuvieron poco papel en la transmisión intrafamiliar en situación de confinamiento. La sensibilidad detectada en la técnica RT-PCR podría estar relacionada con el descenso de la carga viral tras una semana de infección y, con relación a ello, tal vez podría suponerse una menor contagiosidad infantil tras este período.
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