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Argentina: el consumo de azúcares excede los límites aceptables
Diaeta Ciudad de Buenos Aires, Argentina 16 Junio, 2022

La ingesta de azúcares agregados en la población urbana argentina cambia a lo largo del ciclo vital, con un consumo más elevado en los adolescentes que superan el límite máximo recomendable para todos los grupos etarios evaluados con excepción de los mayores de 60 años.

 El aporte de los distintos grupos de alimentos varía en las diversas etapas de la vida, con incidencias notables del azúcar de mesa y las bebidas según los ingresos de los hogares.

El estudio observacional, descriptivo y transversal, basado en datos secundarios, publicado en el número actual de la revista argentina Diaeta*, analiza los datos obtenidos por la Primera Encuesta Nacional de Nutrición y Salud - ENNyS (2005) y la Primera Encuesta Alimentaria Nutricional de la Ciudad de Buenos Aires EAN-CABA (2011). 

La elección de ambas por los autores se debió a la cantidad de información que proporcionan respecto al consumo de alimentos y bebidas obtenidas a partir de recordatorios de 24 horas.

 
Población de las muestras 
La ENNyS se realizó entre octubre de 2004 y julio de 2005, tomó muestras representativas de poblaciones urbanas argentinas: niños/as de 6 a 23 meses de edad, niños/as de 2 a 5 años, mujeres de 10 a 49 años y mujeres embarazadas. 

La EAN-CABA se llevó a cabo entre mayo y noviembre de 2011. Sus muestras, representativas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, incluyen niños/as de 7 meses a 12 años, adolescentes de ambos sexos, madres con niños/as menores de 6 meses, mujeres en edad fértil y adultos de ambos sexos mayores de 60 años.
El estudio evalúa la ingesta de 13.625 individuos en la ENNyS y 4733 en la EAN-CABA. 

La proporción que consumió azúcar agregada (AA) fue cercano al 100% en todos los grupos evaluados por la ENNyS, mientras que en la EAN-CABA un 15,5% de los adultos mayores y 7,1% de las mujeres en edad fértil no consumieron ningún azúcar agregado el día del recordatorio.

En los niños, niñas, mujeres adolescentes y mujeres en edad fértil, la ingesta promedio de azúcares agregados osciló entre 73,2 ±43,3 g/d y 88,2 ±57,8 g/d, lo que en promedio representa el 18% de la energía diaria aportada por éstos. 

Entre el 72% y el 84% de la población consumió más del 10% de la energía en forma de azúcares agregados. 

El consumo mostró una relación positiva con los ingresos del hogar en todos los grupos evaluados, es decir, crecían los ingresos y aumentaba el consumo. 

En los niños y niñas de 2 a 5 años se observó una tendencia creciente en la proporción de energía aportada de azúcares agregados a medida que aumentaba el nivel de ingresos, mientras que en las mujeres en edad fértil la tendencia fue inversa, con una ingesta del 20,3% de la energía en las mujeres del primer quintil de ingresos y 14,4% en las del último.

En la población de la Ciudad de Buenos Aires, el consumo osciló entre 27,0 ±33,5 g/d en los adultos mayores y 83,5 ±63,7 g/d en los adolescentes. 

Estos valores representaron en promedio entre el 7% y el 15% de la energía diaria. Entre una cuarta parte y tres cuartas partes de la población estudiada superó el límite de ingesta recomendada.

En los escolares de 5 a 12 años y adultos mayores de 60 se observó una tendencia creciente en la proporción de energía aportada por azúcares agregados a medida que aumentaba el nivel de ingresos, mientras que en los niños y niñas de 2 a 4 años, las mujeres en edad fértil y las madres de niños menores de 6 meses, la relación entre el consumo y los ingresos fue inversa.

Respecto a los alimentos aportadores de azúcares agregados, los autores advirtieron similitudes en los alimentos y diferencias en el aporte a través de los distintos grupos etarios y ambas encuestas. 

El azúcar de mesa y las gaseosas contribuyeron con el 30% a 70% del consumo, ubicándose en primer lugar el azúcar de mesa. 

En los grupos de niños y niñas de 5 a 12 años y adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires donde las gaseosas ocuparon el primer lugar. Le siguieron las golosinas, galletitas, jugos industriales, yogures y dulces.

El aporte de las bebidas azucaradas (gaseosas y jugos) se incrementó desde la infancia hasta la adolescencia donde encontró el máximo consumo para luego descender, igual que las galletitas.

En la Ciudad de Buenos Aires, los niños y niñas escolares consumieron 1,8 veces más azúcar proveniente de gaseosas y jugos y los adolescentes 3,2 veces más que los niños de 2 a 4 años. 

Los adultos mayores de 60 años consumieron la mitad que los niños de 2 a 4 años y 7,5 veces menos que los adolescentes. En tanto, para el azúcar de mesa el consumo de los escolares y adolescentes fue 1,5 veces mayor y el de las mujeres adultas fue 2,4 veces mayor que el de los preescolares.


El consumo en diversos informes
Los resultados se corresponden con los de un estudio basado en datos de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) que muestra el aumento del consumo aparente de azúcares agregados en las últimas dos décadas, con predominancia del azúcar de mesa, los dulces, las golosinas y las bebidas. 

Un estudio realizado en ocho países de Latinoamérica en mayores de 15 años (1) demostró que la Argentina es el país con el consumo más elevado de azúcares agregados en la región (2, 3).
El consumo de azúcares agregados varía según el ingreso económico y el grupo etario. 

En niños, niñas y adolescentes tienden a una mayor ingesta en los quintiles más altos, en cambio, en las mujeres en edad fértil y en la población adulta se produce el fenómeno inverso, es decir, los individuos de quintiles de ingresos mayores presentan menor consumo. 
El avance entre las sucesivas etapas de la transición difiere por región y en los países de cada una. 

En la Argentina, los autores identificaron tres perfiles de transición que en concordancia con otros países en desarrollo demuestran la existencia de una gran heterogeneidad en el tiempo, los patrones y las tendencias del proceso nutricional.


Virtudes del informe
Al finalizar, los investigadores resaltan que la principal fortaleza del estudio se asienta en los datos de encuestas poblacionales con muestras representativas nacionales y de la Ciudad de Buenos Aires, con datos sobre el consumo individual obtenidos con la misma metodología. 

Además, aclaran que su estudio es el primero en realizar el análisis con la misma base de datos de composición química de alimentos y en evaluar el consumo a lo largo del ciclo vital y por nivel de ingresos.

Los autores consideran haber “documentado que en la Argentina el consumo de azúcares agregados, en promedio, excede la recomendación, especialmente en niños, niñas y adolescentes. 

“El elevado consumo de azúcares agregados es un importante problema de salud pública. Para planificar estrategias que ayuden a limitar y disminuir la ingesta es fundamental disponer de información sobre el consumo de la población, las fuentes alimentarias, las variaciones en los diferentes grupos etarios y el nivel de ingresos.”

 

Referencias
1- Fisberg M, Kovalskys I, Gomez G, Rigotti A, Sanabria LYC, Garcia MCY, et al. Total and Added Sugar Intake: Assessment in Eight Latin American Countries. Nutrients. 2018; 10(4): 38

2- Kovalskys I, Cavagnari BG, Favieri A, Guajardo A, ., Gerardi A, Nogueira Previdelli A, et al. Principales fuentes de azúcares de adición en Argentina. Medicina (Buenos Aires) 2019; 79: 358-66.

3- Kovalskys I, Cavagnari BM, Favieri A, Zonis L, Guajardo V, Gerardi A, et al. Total and added sugars consumption in Argentina: Their contribution to daily energy intake. Results from Latin American Study of Nutrition and Health (ELANS). Nutrition & dietetics: the journal of the Dietitians Association of Australia. 2019; 76(3): 313-20.

 

* Diaeta
Ingesta de azúcares agregados a lo largo del ciclo vital según nivel de ingreso. Análisis de dos encuestas poblacionales de la Argentina
Zapata María Elisa; Tamburini Camila; Rovirosa Alicia; Carmuega Esteban
Volumen 39, Nº 176, 2021
http://www.aadynd.org.ar/diaeta/seccion.php?n=177